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Reivindicados

 

Fr. Frank Pavone
National Director of Priests for Life

   
 

Ni siquiera era sacerdote cuando comenzó el caso "NOW vs Scheidler" en junio de 1986. Durante los 17 años transcurridos, la Organización Nacional de Mujeres (NOW – National Organization for Women) ha intentado penalizar a Joseph Scheidler, Director de la Liga de Acción Pro-Vida (Pro-Life Action League) y otros que trabajan junto con él.

¿Por hacer qué? – preguntarán. Esa pregunta es la clave del caso.

Joe Scheidler y compañía han trabajado incesantemente para salvar niños del aborto y ayudar a sus padres a encontrar los recursos para cuidar sus niños. Han ido a los mismísimos lugares adonde se iba a matar a esos niños y han intervenido pacíficamente para salvarles la vida. Han proveído un refugio final para sus vidas, una intervención final para los padres que no estaban conmovidos por el trabajo a nivel político, legislativo, religioso, educativo y en multi-media del movimiento pro-vida. Armados solamente con un rosario, los activistas pro-vida soportaron calor, frío, ridículo y rechazo para poder estar presentes allí para aquellos que los necesitaban y para pararse en solidaridad con los más pobres entre los pobres. De hecho, muchas vidas fueron salvadas.

Pero a los ojos de la Organización Nacional de Mujeres, los activistas pro-vida practicaron "violencia" y "hostigamiento". De hecho, NOW trato de invocar las leyes RICO (Racketeer Influenced and Corrupt Organizations – Organizaciones Corruptas e Influenciadas por Chantajistas) contra los activistas pro-vida. Las leyes RICO fueron diseñadas para detener al crimen organizado y al narcotráfico, no las intervenciones pacíficas y no-violentas de aquellos que están tratando de salvar vidas.

Después de 17 años de litigio, la Corte Suprema dijo la última palabra el 26 de febrero de 2003 decidiendo por una mayoría de 8 a 1 que no se puede invocar RICO contra los activistas pro-vida, aún si sus actividades impedían los negocios de las fábricas de abortos. Esta es una victoria para el sentido común y, por sus implicaciones, una victoria para el movimiento pro-vida y para el no-nacido.

Por supuesto, todavía queda una cuestión por resolver que va más allá de las limitaciones técnicas del caso. El hecho es que el aborto no es un negocio legítimo, para empezar. Mientras los magistrados de la corte debatían la noción de "propiedad" y si se podía decir que el activismo pro-vida privaba a las clínicas de aborto de su propiedad, ¡nadie se ocupó del hecho que las clínicas de aborto privan a Dios de su propiedad! Las fuerzas pro-aborto se quejaron que Joe Scheidler allanó ilícitamente las "clinicas." Pero el crimen de allanar ilícitamente el espacio sagrado del vientre y violarlo derramando sangre, nunca se consideró.

Sí, esta decisión es una victoria. Pero es solo un primer paso. La reputación de estos activistas pro-vida debe ser restaurada completamente. Nunca cometieron ningún acto de violencia. Más aún, el sendero que han abierto debe ser seguido por el resto de nosotros. La presencia en las clínicas de aborto, la consejería en las veredas, predicación callejera y el tradicional piquete amerciano son actividades honorables, son parte integral de nuestro movimiento y merecen ser promovidos por los grupos pro-vida y por la Iglesia a todo nivel. Gracias a Dios por los que hacen estas cosas; me siento honrado de contarme entre ellos.

   
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