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El aborto y el abuso infantil – Segunda Parte

 

Fr. Frank Pavone
National Director of Priests for Life

   
 

Hay una correlación estadística significativa entre el abuso infantil y el aborto, es una relación mutua que hace que el abuso de niños subsiguientes sea más probable después de haber tenido un aborto y que haber sido abusado como niño haga más probable que uno se haga un aborto luego en la vida.

 

En primer lugar, es obvio que el aborto mismo es la peor forma de abuso infantil. En segundo término debe destacarse que estamos hablando de relaciones estadísticas. Estas conexiones no significan que todos los que han abortado abusarán de sus hijos, o que todos los que son abusados abortarán.

 

Aclarado este punto, examinemos por que tener un aborto puede llevar al abuso infantil.

 

Para empezar, todo embarazo es una “crisis” en el buen sentido de la palabra. El embarazo crea desafíos y exigencias únicas para que la madre madure. El cuerpo, la mente y el espíritu deben crecer para poder adaptarse a la llegada del niño. Esta “crisis de incorporación”, como la llaman los psicólogos, ubica a la madre en una encrucijada: o bien acepta los cambios que el embarazo requiere, o aborta el niño, optando por una derivación regresiva en vez de madurar.

 

La opción de no madurar y mantenerse egoísta, hace mas probable que la madre permanezca con un padre menos maduro, y esta inmadurez es una de las causas clave del abuso y abandono de otros niños.

 

Un segundo problema es que los padres no tienen ningún derecho legal para salvar a su hijo no nacido de un aborto. El no saber si el niño vivirá o morirá crea una ambivalencia en el padre y una reticencia a relacionarse con el niño. Como no están unidos por un vínculo al niño, también exhiben menor apoyo a su pareja. Después de un aborto, la alienación empeora. Algunos estudios muestran una tasa de separaciones de hasta un 80% con posterioridad al aborto. La ira de la madre por la falta de apoyo por parte del padre de la criatura puede desplazarse al niño nacido.

 

Una tercera razón que puede llevar al abuso se relaciona con los vínculos. Abortar hace mas difícil la vinculación con el próximo niño, los bebes que no están bien unidos tienen mayor riesgo de ser abusados y abandonados. Un embarazo después de un aborto crea más ansiedad, en parte por una sensación fatalista que el niño será anormal (como castigo por haber abortado el anterior). Esta ansiedad puede interferir con la unión vincular.

 

Más aun, si el dolor del aborto no se procesa adecuadamente, se convierte en depresión post-parto, que interfiere con los vínculos. Cuando uno está sufriendo aún por la perdida de un niño, no puede vincularse con un nuevo bebé, porque permanece todavía el vínculo con aquel que ha muerto. La falta de unión con el que está vivo puede llevar al abuso y abandono.

 

Puede haber también una sensación de desilusión con el niño siguiente, que se compara con el niño abortado quien a menudo es idealizado en la mente de la madre. Las expectativas del nuevo niño, que a veces se considera “el bebe de reemplazo,”  no son satisfechas generando ira que puede llevar al abuso y abandono.

 

   
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