Ferendae o latae sententiae

 

P. Victor Salomón

  The Americano
  6/23/2011
 

Estos términos latinos a muchos de nosotros nos suenan como de otra época, pero en realidad expresan una realidad totalmente actual de la pena punitiva eclesiástica necesaria y máxima en algunos casos, que tiene por objetivos la conversión del excomulgado y ayudar a la formación de la conciencia de  los miembros de la comunidad cristiana sobre una situación que es considerada como extremadamente grave. 

Ambos términos se refieren a la excomunión que consiste en excluir al bautizado de la comunión de la Iglesia, sin que ello signifique el dejar de ser hijo de Dios por el bautismo.

 Pueden ser de dos tipos:  Ferendeae que comienza cuando es impuesta por la autoridad eclesiástica,   y la sententiae la cual tiene efecto de forma automática cuando se comete el delito.

Este ejercicio penal de la Iglesia hunde sus raíces en los tiempos de la Iglesia primitiva: “Se puede decir que desde los tiempos apostólicos la Iglesia ha ejercido potestad penal: así vemos en Hechos 8, 20, que Pedro expulsa de la Iglesia a Simón el Mago, porque había intentado comprar la potestad de comunicar el Espíritu Santo, inaugurando por así decirlo el delito de simonía, que por él lleva este nombre.  San Pablo indicó a los corintios que expulsaran de su Iglesia local al incestuoso (cfr. 1 Cor 5, 5 y 5, 13); afortunadamente el delicuente se enmendó y volvió a la Iglesia (cfr. 2 Cor 2, 7-8). También excomulgó a Himeneo y Alejandro "para que aprendan a no blasfemar" (cfr. 1 Tim 1, 20). Pero ni San Pedro ni San Pablo actuaban por propia iniciativa: el Señor dio indicaciones a los Apóstoles sobre el modo de expulsar de la Iglesia (cfr. Mt, 18, 15-17). De modo que no se puede alegar que el derecho penal, o la pena de excomunión, sea una innovación de la Iglesia Católica en épocas modernas: ya hemos visto que los Apóstoles aplicaban la pena de excomunión, siguiendo indicaciones del Maestro. (4)” Fuente http://es.catholic.net/estudiososdelderechocanonico/219/557/articulo.php?id=20117

Veamos que dice el código de derecho canónico expresamente sobre el aborto:

“El canon 1398 castiga con excomunión latae sententiae a quienes procuren el aborto, si éste se produce. Acerca del concepto de aborto, el Consejo Pontificio para la interpretación de los Textos Legislativos, en la respuesta auténtica de 23 de mayo de 1988, preguntado si se debe entender sólo la expulsión del feto inmaduro, o también la muerte del feto procurada de cualquier modo y en cualquier tiempo desde el momento de la concepción, respondió afirmativamente a la segunda proposición. Por lo tanto, en lo que se refiere al tipo penal, el delito de aborto no se reduce a la expulsión del feto provocada con la intención de darle muerte, sino que en el tipo penal se incluye cualquier muerte provocada en el nasciturus” (…)
La excomunión también afecta a los cómplices: "La excomunión afecta a todos los que cometen este delito conociendo la pena, incluidos también aquellos cómplices sin cuya cooperación el delito no se hubiera producido" (Juan Pablo II, Carta Encíclica Evangelium Vitae, n. 62).” Fuente http://es.catholic.net/estudiososdelderechocanonico/219/557/articulo.php?id=20117

Es importante que nuestras autoridades  ejerzan  la potestad que Jesús  les ha dado para declarar como excomulgados ferendae sententiae,  especialmente a todos los políticos, legisladores, profesores   y periodistas católicos que apoyen la despenalización del aborto, (con la excepción de mal menor del caso del voto por legislaciones que controlen el aborto en donde ya es legal).  Nombramos los bautizados con estas profesiones por el efecto multiplicador de sus actuaciones.

En un mundo en el cual se está haciendo parte de la cultura en muchas latitudes la práctica generalizada de convertir a las madres en colaboradoras, amparadas por la ley y el mercado, de la matanza de sus propios hijos, se hacen necesarias medidas punitivas que denuncien esta durísima y perversa realidad.