Dos horas históricas
P. Frank Pavone, Priests for Life
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Algo así no ocurría desde la época del Presidente Lincoln.
El martes 4 de diciembre de 2001, durante dos horas históricas y a la vez
sagradas, aproximadamente un tercio del Senado y la Cámara de Representantes,
incluyendo miembros de ambos partidos, se arrrodilló en oración solemne como
gesto de arrepentimiento. Esto no ocurrió en una iglesia, ocurrió en la Rotonda
del Capitolio.
Las sillas estaban dispuestas en círculo de manera que todos miraran al
centro. Los micrófonos estaban instalados en los pasillos. En el centro del
círculo estaban los oradores junto a un reclinatorio y un micrófono. Había otros
reclinatorios ubicados en el sector donde se iba a sentar la gente. Se divisaban
claramente los murales de la Rotonda con escenas de gente orando. Uno de ellos
muestra el bautismo de Pocahontas. El otro muestra a los peregrinos estudiando
la Biblia. Otro mural muestra a George Washington renunciando su comisión,
mientras tiene en la mano una copia de su oración por los estados y por los
gobernadores.
Era un día nacional de reconciliación. La presencia de Dios, el amor de Dios
y nuestra necesidad del perdón y la protección de Dios eran los temas
dominantes. "Quién convocó esta reunión... Dios lo hizo!" Con esas palabras del
capellán del Senado, Lloyd John Ogilvie, comenzó el encuentro.
Un senador dijo que durante la reunión pudo sentir que Dios perdonaba a
nuestra nación. Otro funcionario electo tuvo la visión de una tribu de Estados
Unidos marchando hacia los límites de la protección soberana de Dios, mientras
los líderes que se encontraban parados en el borde les hacían señas para que
dieran la vuelta.
El corazón de este encuentro es la promesa de Dios en 2 Crónicas 7:14, "si mi
pueblo, sobre el que se invoca mi nombre, se humilla, ruega y me busca la cara,
si se aparta de sus malos caminos, yo oiré desde los cielos y le perdonaré su
pecado y curaré la tierra."
Los creyentes debemos alegrarnos que este encuentro haya tenido lugar. Si
bien el mayor pecado de los Estados Unidos, el aborto, no se mencionó
explícitamente, se sentaron la bases para un arrepentimiento nacional. Después
de todo, la actitud de oración humilde y adoración es completamente contraria a
la actitud "pro-elección." (pro-choice). La oración y la adoración dicen a Dios:
"Tu eres Señor mío, de mi vida, y de mis elecciones." La postura pro-elección
(pro-choice) afirma: "Yo soy el Señor mío, de mi vida y de mis elecciones."
Estas dos posturas no pueden combinarse y si pasáramos suficiente tiempo de
rodillas, la adoración comenzaría a remplazar la mentalidad destructiva del
aborto.
Nuestras vidas pública y privada no pueden divorciarse. No puede haber una
separación completa entre las creencias de uno y la forma en que desempeña la
función pública. Como lo afirman los Obispos de los Estados Unidos, "tampoco
podemos vivir el Evangelio de la Vida como si fuera una devoción privada. Los
católicos estadounidenses debemos vivirlo vigorosa y públicamente, como una
cuestión de liderazgo nacional y testimonio, o no viviremos de ninguna manera."
(1998, Living the Gospel of Life, n. 20)
Las escrituras nos instan a rezar por nuestros líderes y nuestra nación.
Quizás lo que pasó el 4 de diciembre, aunque no tuviera el brillo que dan los
medios masivos de comunicación, nos acercará un paso mas hacia una cultura de la
vida.