Dormidos
P. Frank Pavone, Priests for Life
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"No quiero que encuentren a la Iglesia dormida otra vez..."
Ese es el ferviente deseo que me expresara un hombre que fue instrumental en
la legalización del aborto, el Dr. Bernard Nathanson, al comentar los desafíos
que la bioética nos presenta en el siglo XXI. El Dr. Nathanson opina que en los
años 60, él y sus colegas de NARAL (sigla en inglés que en aquel tiempo
significaba "Asociación Nacional para la Derogación de la Leyes sobre el
Aborto") literalmente "le robaron el tema" a la Iglesia. Cuando habla con
religiosos, les dice: "nunca hubiéramos podido obtener lo que deseábamos si Uds.
se hubieran mantenido unidos, resueltos y fuertes.
Los nuevos desafíos bioéticos forjan las noticias y la conversación diaria:
investigación con células estaminales embrionarias, manipulación genética,
clonación humana. Aquellos que quieren promover agendas de ciencia ficción
podrán salirse con la suya si la Iglesia no está unida, resuelta y fuerte.
Una de las muchas claves y revelaciones sobre estos temas que surgen de
Evangelium Vitae está fundada en un juego de palabras. La palabra "materia" y la
palabra latina "mater" (madre) expresan dos maneras diferentes de contemplar la
creación, incluyendo la vida humana. Dice el Santo Padre: una vez excluida la
referencia a Dios, no sorprende que el sentido de todas las cosas resulte
profundamente deformado, y la misma naturaleza, que ya no es «mater», quede
reducida a «material» disponible a todas las manipulaciones (EV 22)
En otras palabras, podemos mirar a la creación y considerar cuán útil es, o
podemos mirar a la creación y maravillarnos reverentemente frente a ella. Estas
dos visiones no son mutuamente excluyentes. Maravillarse por la belleza de un
árbol no significa que no lo podamos utilizar como madera. El peligro radica en
limitar nuestra visión solamente a la "materia". Esto es particularmente
peligroso cuando de vida humana se trata, porque la persona no es una cosa, y no
debe ser nunca considerada como tal. El impulso a "usar" embriones y sus
células, y a "manipular" el código genético, reduce necesariamente a la persona
a la categoría de cosa, a pesar de cualquier "buena intención."
Los nuevos desafíos bioéticos no remplazan al aborto como centro de nuestra
atención, porque la afirmación en el fallo "Roe vs. Wade" que la "palabra
persona... no incluye a los niños por nacer" constituye la base para la línea de
pensamiento detrás de estos desafíos. Como lo señalaron nuestros obispos, "las
naciones no son máquinas o ecuaciones. Son ecosistemas. Los hábitos, creencias,
valores e instituciones de un pueblo se entrelazan como un sistema radicular.
Envenenar un parte eventualmente envenenará el todo... Lo mismo ocurre con el
legado de Roe vs. Wade" (Living the Gospel of Life, 1998, n.9)
Salirnos de este embrollo no será fácil. Dormir es fácil, la vigilancia tiene
un precio. Fundamentalmente, para que la Iglesia no se quede dormida, debemos
fijar prioridades a nuestras actividades, y dedicar más recursos a la educación
y al activismo en defensa de la vida. Este trabajo no puede ser un pasatiempo,
requiere que lo demos todo. Pero eso debería resultarnos familiar a los
cristianos.