Cuántos más hijos, más amor
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P. Frank Pavone, Priests for Life
La Sra. Lucille Dippolito entiende de familias numerosas. Es madre de veinte
hijos. Y no se podría encontrar nadie mas feliz que ella. Cuando uno conversa
con ella, uno encuentra una sabiduría que desafía los disparates de la cultura
de la muerte.
"Le digo a la gente (después de haber tenido un cierto número), "estoy
jubilada." Tengo uno que lava la ropa, otro que cocina; se turnan en las
tareas."
La Sra. Dippolito se dió cuenta rápidamente que muchos miembros en la familia
no implican más trabajo que hacer, sino más para trabajar. También significa más
amor para dar. Como ella explica: "Cuando llego el número diecinueve, la familia
le dió amor. Recibió tanto amor de la familia. ¡Si fuera el hijo único, nunca
hubiera tenido tanto amor! Una madre solo puede dar una cierta cantidad de amor.
Cuando uno tiene una familia numerosa, los hijos reciben toda clase de amor de
sus hermanos y hermanas. ¡No hay nada más alegre que un bebé!
No es el tamaño, por supuesto, lo que acarrea la virtud a una familia. Es la
manera en que los miembros de la familia ven sus relaciones con cada uno, y con
sus tareas diarias. La familia Dippolito conoce el valor cristiano del trabajo y
la forma en la que este forja a la persona humana. La Sra. Dippolito me dijo,
"Cada hijo tenía una responsabilidad. Faenábamos nuestra propia carne, teníamos
una vaca lechera. Era una pequeña granja de diez acres. Un sacerdote amigo solía
preguntarnos: "¿Hay algo en esta casa que no sea casero?" [Hacían su propia
manteca, y velas para el altar.] Algunos de los talentos que tienen los han
aprendido de los abuelos. Yo coso, pero ahora mis hijos hacen ropa para mi. ¡Yo
les di, pero mire lo que ahora recibo!"
Esta actitud se contrapone con la mentalidad de "darles a sus hijos todo lo
que quieran", para la que la Sra. Dippolito reserva estas palabras: "¡No, eso es
lo peor que uno podría hacer! Proveer todo lo que su corazón desea, eso es
absolutamente incorrecto. Tienen que desarrollar sus talentos. Hacer es
aprender. Tienen que ser hacedores... Esta es la ley de la familia: se aprende
haciendo. Al trabajar por algo se lo respeta. Cuanto uno mas da, mayor es la
felicidad; eso es lo que hay que enseñarle a los hijos."
La Sra. Dippolito comenta la alegría que tiene por sus hijos. "Verlos crecer,
ver las cosas que nos devuelven. Verlos convertirse en buenos ciudadanos. Mi
hija es enfermera y me ha ayudado a traer gente de regreso a la vida. ¡Mire las
grandes alegrías! Uno los ve dar el primer paso, decir su primera palabra. ¡Esas
son cosas que el dinero no puede comprar!
Las bendiciones superan contadamente las penas. El mundo se revuelca en las
penas. Todo conlleva dolor y alegría. Uno tiene que tomar lo dulce con lo
amargo. ¡Todavía no estamos en el cielo!
La próxima vez que oiga a alguien decir, "Dos hijos son más que suficiente,"
cuéntele la historia de la Sra. Dippolito.