El otro día hubo una manifestación contra la guerra a unas cuadras de
nuestras oficinas de Priests for Life. Decidí parar para conocer a los
organizadores y participantes. Como se podrán imaginar eran gente amante de la
paz.
Excepto uno.
Cuando estaba por irme, un hombre grande comenzó a gritarme. « ¡Yo se quién
es Ud.! ¡Ud apoya a los terroristas anti-aborto! »
Esperé que me preguntara algo así como, « ¿No es cierto? », pero no preguntó
nada. Simplemente dijo, en tono convencido, absoluto, y dogmático. Después de
todo, el había leído un « estudio » sobre mi y Priests for Life que incluso fue
« publicado en Internet » (¡Bueno, por supuesto, eso resuelve todo!)
Comencé a decirle a este hombre calmadamente que por muchos años he emitido
declaraciones sobre la no-violencia, y que si bien estoy absolutamente opuesto
al aborto, nunca he condonado el uso de la violencia como un medio para acabar
con el aborto. El mismo « Internet » que contiene el estudio que el leyó tiene
mis declaraciones contra la violencia.
« ¡Ud. es un mentiroso! », fue su respuesta.
No solamente no me ofreció dialogar, sino que cuando yo lo propuse, afirmó
que yo mentía.
Así que finalmente señalé la contradicción. « Señor, » le dije, « Ud. está
aquí con este grupo que se opone a la guerra. ¿Sabe Ud. cuál es la alternativa a
la guerra? El diálogo. Por otra parte, cuando la gente rechaza el diálogo, y
cuando deja de escuchar a su oponente y sin evidencia lo llama mentiroso, se
echan las bases para la guerra. Ud. no tiene una actitud pacífica. »
Otros en el grupo pidieron perdón por el comportamiento de este hombre, y él
se mantuvo parado enojado en silencio.
Que haya paz en la tierra y que empiece por mí. (Let there be peace on earth,
and let it begin with me.) Cuando escuchamos la letra de esta canción familiar,
podemos preguntarnos como puede comenzar la paz por nosotros personalmente e
individualmente. Comienza por escuchar. Comienza por darle a la otra persona,
especialmente al adversario, el beneficio de la duda. Comienza cuando cesamos de
llegar a rápidas conclusiones sobre cada uno. Comienza cuando rehusamos hablar
sobre una persona sin haber primero hablado con la persona, dándole la
oportunidad de permitirnos conocerlo y entenderlo.
Como líder de una organización prominente, he aprendido que el mayor
obstáculo para la colaboración y la unidad entre las organizaciones y dentro de
la Iglesia son los juicios rápidos y desaprensivos. También lo llamo « juicio
instantaneo » Oimos o leemos algo sobre un grupo o persona y pensamos que lo
sabemos todo. Esa « instantanea » del grupo o persona está grabada en nuestra
mente para siempre. No permitimos que cambie, y no nos permitimos aprender más.
No permitimos que el grupo o la persona se presente a nosotros, ni les
explicamos nuestras preocupaciones a ellos ni les pedimos una aclaración. Todo
eso cuesta trabajo y lo encontramos inconveniente.