"Destruid este templo y lo reconstruiré en tres días"
Nos aproximamos rápidamente a los días en que la Iglesia observa aquello de
lo que habló nuestro Señor, los días de su traición, crucifixión y resurrección.
Este período sagrado de tres días, el triduo, es el meollo de todo el año
litúrgico. Comienza el Jueves Santo y termina en la noche del domingo de Pascua.
Es un derroche de antiguo simbolismo, está repleto de ellos y de temas para la
meditación profunda, uno de los cuales es la dignidad infinita del vida humana.
El triduo ocurrió, después de todo, por causa de la vida humana. Dios ama a
los seres humanos y la crucifixión y resurrección de Dios encarnado introduce a
los seres humanos a la vida eterna. Las "puertas del cielo" no están hechas de
plata u oro, sino de carne y huesos humanos. Jesús lleva al cielo la mismísima
naturaleza que todos nosotros compartimos, nacidos y no nacidos. Los eventos del
triduo son ante todo físicos: Su Cuerpo entregado en la mesa, clavado en la
cruz, depositado en la tumba, resucitado entre los muertos. Estos días dan
sentido al cuerpo humano. No tenemos libertad para descuidar el cuerpo, debemos
alimentar a los hambrientos, acoger al desamparado, cuidar los enfermos, y
proteger a los no nacidos de los forceps del abortero.
El Jueves Santo, no se permite celebrar misa sin una congregación. Es el día
en que el Señor dio el mandamiento del amor fraternal y nos dio la Eucaristía,
que establece comunión entre hermanos y hermanas. El lavado de los pies revela
el sentido de la Eucaristía y la cruz: Entregó su vida por nosotros, así que
debemos entregar nuestras vidas por cada uno. El triduo nos enseña, entonces,
que es asunto nuestro cuando alguien esta desempleado, o es discriminado, o a
punto de tener un aborto. Es asunto nuestro porque el asunto del cristiano es el
amor.
No se permite la misa el Viernes Santo, o durante el día el Sabado Santo. El
tabernáculo está vacío. La Iglesia experimenta el silencio extraño y el vacío de
aquel primer Viernes Santo. El Señor ha sido llevado. Para amarnos, debemos ser
capaces de entrar en el vacío del otro. Cuan profunda, en efecto, es la soledad
del vientre vacío para aquellos que han experimentado un aborto. Es un vacío
obsesionante, que dura toda la vida y que clama por cuidados compasivos.
Viernes Santo es también el día en que el Señordio el mayor ejemplo de
perdón. El fue víctima de la pena capital. Es un día para renovar nuestra
determinación a trabajar por alternativas a la pena de muerte y alternativas a
la guerra.
El día supremo es Pascua. La Vigilia Pascual no puede comenzar antes del
anochecer porque la Iglesia quiere dramatizar el hecho que la oscuridad (que
simboliza la muerte y el pecado) es conquistada por la luz (que simboliza Cristo
Resucitado). "¡Luz de Cristo!" proclama el diácono. "¡Demos gracias a Dios!"
responde el pueblo. ¡Gracias, en efecto, porque la victoria pertence a la Vida!
¡No deje que nada le quite esa alegría pascual!
Sacerdotes por la Vida
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