Como era previsible, las fuerzas pro-aborto han encontrado jueces que, a
pesar de la voluntad del público estadounidense y de los poderes legislativo y
ejecutivo para prohibir el aborto de parto parcial, dicen que debe permitirse
que este procedimiento continue.
Las cortes que han emitido estos juicios, lo han hecho basándose en la
ausencia en la legislación de una excepción por motivos de salud. Sin embargo,
han hecho caso omiso de la facultad para obtener información del Congreso de los
Estados Unidos, que no ignoró la cuestión de una excepción por salud, sino que
después de muchos años de investigación y testimonios, con muchos más recursos
para obtener información que cualquier corte pueda tener, y muchas más
audiencias y deliberaciones, llegó a la conclusión cuidadosamente considerada
que este procedimiento no es nunca necesario para la salud de una mujer.
Aquí el Congreso no excede sus límites. Está muy consciente de los fallos de
la Corte Suprema. También está consciente del hecho que tenemos tres poderes en
el gobierno, no uno, y que cada uno tiene la capacidad de interpretar y defender
la Constitución.
Junto con los esfuerzos que se harán para defender la prohibición en las
cortes, debe haber renovados esfuerzos de todos los estadounidenses para
entender, apreciar y afirmar la autoridad del poder legislativo, reestableciendo
un verdadero equilibrio de poderes, quitándole a las cortes si fuera necesario,
jurisdicción sobre algunos asuntos críticos en los que han contradecido de
manera flagrante la voluntad del pueblo americano. De hecho, Alexander Hamilton
y otros, al fundar el país escribieron que los jueces que ignoran la autoridad
legítima de la Legislatura, y la voluntad del pueblo, merecen ser removidos.
El presidente Andrew Jackson resumió la cuestión del equilibrio de poder
cuando escribió: "Cada funcionario público que toma juramento de defender la
Constitución, jura que la apoyara tal como la entiende, no como la entienden
otros… La opinión de los jueces no tiene más autoridad sobre el Congreso que la
que el Congreso tiene sobre los jueces, y en ese punto el Presidente es
independiente de ambos."
Los últimos cuarenta años han sido testigos de una impresionante y creciente
exhibición de arrogancia judicial que sigue intensificándose. Fueron las cortes,
no el pueblo, quienes sacaron a la oración y la Biblia de las escuelas. Fueron
las cortes, no el pueblo, que legalizaron el asesinato de niños por nacer.
Fueron las cortes, no el pueblo, que rehusaron prohibir el aborto de parto
parcial. Fueron las cortes, no el pueblo, que no pudieron soportar un monumento
a los Diez Mandamientos en la Corte Suprema de Alabama. Y ahora, son las cortes,
no el pueblo, que están cuestionando la naturaleza misma del matrimonio.
Es tiempo de actuar. Que sus representantes electos sepan que Ud. quiere que
la legislatura afirme su autoridad más vigorosamente. Que sus senadores sepan
que Ud. quiere que confirmen jueces que se den cuenta de los límites de la
autoridad judicial. Ayude a todos quienes están a su alcance a comprender estos
críticos problemas y sus soluciones. Y en el 2004, ¡vote en consecuencia!
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