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No cooperación con abortuarios

P. Frank Pavone, Priests for Life

En la edición de esta columna del 8 de abril del 2002, convoqué a una « objeción de conciencia » de parte de cualquier tipo de negocio que fuera llamado a prestar servicios a un lugar donde se practican abortos. En junio de ese mismo año, la revista Pastoral Life publicó una versión más extensa del mismo artículo, y prediqué sobre ello en EWTN.

Estos artículos señalaban que los negocios y los individuos empleados por ellos, deberían simplemente rehusar proveer servicios de mantenimiento a centros de asesinato. La legalidad del aborto no crea una obligación de participar en él. Convoqué a los plomeros, electricistas, compañías de suministros de oficinas, servicios de mensajería, imprentas, jardineros, servicios de remoción de nieve, consultores de sistemas, servicios de reparación de máquinas de oficina, trabajadores sanitarios, compañías de techistas, taxistas, servicios de seguridad, cerrajerías, lavanderías y servicios de mantenimiento, compañías de carteles y cercas, servicios de comida, fumigadores y cualquier otro negocio posible, a decir sencillamente no a cualquier pedido de servicios de un establecimiento de abortos.

Por eso, a mí y a muchos otros, nos resulta muy alentador ver lo que está pasando en Austin, Texas. Un abortuario que Planned Parenthood se proponía construir está paralizado porque unos plomeros, cementeros y otros trabajadores, rehusaron participar en el proyecto. Eventualmente, a causa de esta falta de cooperación, el contratista tuvo que retirarse también. Chris Danze, y « Texas Contractors and Suppliers for Life » (Contratistas y Proveedores de Texas por la Vida) han encontrado amplio apoyo en la comunidad local y las Iglesias, que los han ayudado a implorar a las empresas que no se involucraran y les han dicho que ellos, a su vez, no harían negocios con aquellos que se involucraran.

En el fondo, es una cuestión de libertad de elección. Eso es lo que hace que la reacción de la presidenta de Planned Parenthood, Gloria Feldt sea tan extraña. Ella describe este esfuerzo como « intimidación » y « tácticas fascistas ». Dice que son « repugnantes a la democracia » y que constituyen « una mano dura para que todos adhieran a la ideología [anti-elección] ».

Pero si la libre elección se valora en nuestra sociedad, ¿por qué debe obligarse a participar en el aborto a aquellos que se oponen a él ?

Los grupos pro-aborto defienden al aborto como un ejercicio de « conciencia ». Pero ¿cómo es que la « conciencia » puede justificar hacerse un aborto, pero no puede justificar rehusarse a cooperar para ayudar a que otros se lo hagan ?

Más aún, rehusarse a participar en la construcción o a prestar servicios en un abortuario no es solamente un ejercicio de elección, es una obligación moral. Trabajar de cualquier manera para una instalación cuyo propósito es realizar abortos es moralmente malo.

El Papa Juan Pablo II, al hablar de las leyes que permiten el aborto, insiste en que hay una « grave y precisa obligación de oponerse a ellas mediante la objeción de conciencia » (Evangelium Vitae, 73). Los obispos de los EE.UU. dicen que esas leyes « no pueden… apoyarse, consentirse o reconocerse como válidas » (Living the Gospel of Life, 33). Si pensamos que tenemos que servir las instalaciones donde se cometen abortos porque este es legal, hemos "consentido" a las leyes de aborto.

Entonces, ¡que se levante el Pueblo de la Vida y que comience un nuevo capítulo del activismo pro-vida!

 

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