"Al proteger la vida humana, "Debemos comenzar con el
compromiso de nunca matar intencionalmente, ni participar en la matanza de
cualquier vida humana inocente"".
Así dice uno de los documentos más abusados del Comité
Administrativo de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos (US Conference of
Catholic Bishops). El documento titulado Ciudadanos Comprometidos (Faithful
Citizenship) es una herramienta útil para ayudar a la gente a prepararse
para las elecciones. Pero como cualquier otra herramienta útil, sólo es útil
cuando se utiliza correctamente.
Lamentablemente, muchos la han usado incorrectamente.
Hoy en la Iglesia hay algunos que se ufanan diciendo que
debemos considerar "una amplia gama de asuntos" cuando votamos, que es verdad
hasta allí, pero luego van más allá y afirman que todas las cuestiones tienen el
mismo peso, lo cual no solamente es falso, sino ofensivo al sentido común.
Tomemos, por ejemplo, el "boletín de calificaciones" que fuera
preparado recientemente por algunos senadores católicos, resumiendo su historial
de votaciones sobre una variedad de temas, asignando a cada una un puntaje. Por
supuesto que no hay problema para revisar y resumir como votan los funcionarios
públicos. De hecho, el público merece mayor información de ese tipo. Sin
embargo, el gran problema con el "boletín de calificaciones" es que otorga la
misma ponderación a todas las cuestiones, luego no hay distinción entre la
importancia de prohibir el aborto de parto parcial y la regulación del nivel de
mercurio en los termómetros.
Ciudadanos Comprometidos refleja
una amplia gama de asuntos, pero hace algunas distinciones (aunque no con la
misma efectividad que el documento emitido en 1998 por la totalidad del
episcopado, Living the Gospel of Life, Viviendo el Evangelio de la Vida,
del cual, de hecho, toma la cita que estamos examinando). Ciudadanos
Comprometidos nos dice donde empezar: nunca matar intencionalmente al
inocente. Al identificar este punto de partida, el documento sienta las
bases, establece una frontera absoluta, identifica un principio fundamental.
Antes de considerar todas las cosas que tenemos que hacer para construir una
sociedad justa, debemos identificar lo que no podemos hacer nunca. El
reclamo de la vida humana inocente a la protección por parte de la sociedad
es un reclamo sin el cual la sociedad jamás podría proteger otros intereses
de la persona o satisfacer otras necesidades de la misma. Acertar en las
otras necesidades mientras se está equivocado en el punto de partida es una
fórmula para el fracaso en el servicio al bien común.
"Debemos comenzar con el compromiso de nunca matar
intencionalmente". Con estas palabras los obispos
señalan que hay más después del comienzo, del mismo modo que debe
construirse más una vez que se han puesto los cimientos. Pero los cimientos
tienen que ser sólidos. Si consideramos a los pobres, por ejemplo, nos damos
cuenta que cualquier plan para darles comida adecuada, vivienda, salud y
educación siempre presupone que no aceptamos la política de matarlos.
Cualquier discusión sobre leyes que promueven el cuidado de los pobres
asume que la ley protege sus vidas de una destrucción deliberada.
"Debemos comenzar con el compromiso de nunca matar intencionalmente".
Las leyes que permiten el aborto engañan a la sociedad desde
el punto de partida. Si no podemos proteger la vida, nunca tendremos éxito al
tratar de mejorarla.