Las elecciones del 2 de noviembre de 2004 son clave para el
movimiento pro-vida y es imperativo que ese día elijamos más funcionarios
públicos que estén dispuestos a hacer algo para restablecer la plena protección
de la vida de los niños por nacer. En esta elección se juega la capacidad del
Congreso y los estados para progresar en este terreno y la composición de la
Corte Suprema por muchos años futuros. Gente de ambos lados de la controversia
sobre el aborto reconoce que la composición de la Corte Suprema y el destino de
Roe vs. Wade son consecuencias clave de la forma en que votemos este año.
Desde los orígenes del movimiento pro-vida, los que defendemos
a los niños por nacer hemos llevado a cabo nuestro trabajo de manera constante
independientemente del clima político favorable o desfavorable y así seguirá
siendo hasta que alcancemos nuestro objetivo. En el movimiento pro-vida no
caemos en el error de cargar nuestra responsabilidad sobre otros hombros, o
esperar que el gobierno haga nuestro trabajo. La política no es nuestra
salvación. Dios es nuestra salvación. Aunque no queremos que el gobierno haga
nuestro trabajo, exigimos que el gobierno haga su trabajo, y eso
significa, primero y principal, que sancione leyes que protejan las vidas de
todos los ciudadanos, incluídos los no nacidos. Más aún, mientras el gobierno
hace su trabajo, debemos asegurar que no se interponga en nuestro camino. Y si
bien Dios, y no la política, es nuestra salvación, es también cierto que nuestra
respuesta a El incluye cumplir nuestras responsabilidades políticas.
Las elecciones no son competencias entre dos o más candidatos,
son competencias entre dos o más equipos. Dada la importancia suprema de
esta próxima elección, y dado lo reñidas que serán muchas contiendas, cada
individuo pro-vida tiene una seria obligación moral de trabajar en cada una de
ellas para que triunfe aquel candidato que hará más que su oponente para que
haya mayor protección a los niños por nacer. Cada persona, organización, e
iglesia tiene una obligación seria de influenciar la mayor cantidad posible de
votantes, contactar a sus miembros para asegurarse que están empadronados para
votar e informados sobre las posiciones de cada candidato en relación al derecho
a la vida y establecer mecanismos para facilitar el máximo de participación en
los comicios.
Dada la seriedad del momento, me he comprometido a dedicar
todo mi tiempo, mi energía y mis recursos entre hoy y el día de elecciones para
cumplir esta tarea y asistir a otros a hacerlo. Aunque todas las actividades en
el movimiento pro-vida son urgentes e importantes, es crítico que cada recurso
disponible se utilice para producir un resultado favorable en esta elección y
que todas todas las personas en el movimiento asignen máxima prioridad a las
actividades relacionadas con la elección.
El juicio de Dios sobre una nación no consiste necesariamente
en una lluvia de fuego desde el cielo. Consiste, en cambio, en permitir que su
gente viva con las consecuencias de sus propias elecciones. Que Dios se apiade
de nosotros el 2 de noviembre.
Sacerdotes por la Vida
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