Una perspectiva importante a considerar frente a la pregunta
si deberían recibir la comunión los políticos pro-aborto es la enseñanza de
Jesús sobre la necesidad de reconciliarse con nuestros hermanos y hermanas antes
de acercarse al altar.
"Si vas, pues, a presentar una ofrenda ante el altar y allí
te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda
ante el altar, ve primero a reconciliarte con tu hermano y luego vuelve a
presentar tu ofrenda." (Mt 5:23-24)
Los que permiten el aborto no están reconciliados con sus
hermanos y hermanas por nacer. No ver la igual dignidad de los niños en el
vientre con los que están fuera de él es un prejuicio. Considerar a los niños
por nacer como "no personas" e indignos de protección constitucional es un
insulto. Y considerar a los hermanos y hermanas por nacer como "tejido" o
"parásitos" es la peor manera de ofenderlos.
Los que hacen esto, antes de presentar su ofrenda en el altar,
deben ir primero a reconciliarse con sus hermanos y hermanas por nacer.
La comunión se recibe en el marco del sacrificio de la
misa. Ese sacrificio no es únicamente el sacrificio de Jesús, sino el de cada
uno de nosotros junto con Jesús. Ofrecemos todos nuestros pensamientos,
opiniones, relaciones y elecciones. Traemos nuestras ofrendas al altar porque
queremos reconciliarnos con Dios. Pero los que quieren ser uno con Dios deben
ser uno con su prójimo, con todos.
Para reconciliarse con el prójimo, primero hay que
reconocerlo. El mandamiento "Ama a tu prójimo como a ti mismo" de hecho
significa "Ama a tu prójimo como una persona igual que tú". Reconoce que
no importa cuan diferente parezca, tu prójimo tiene la misma dignidad que tú y
por lo tanto exige respeto y amor. La falta de protección al no nacido se basa
en la falta de reconocimiento, que es la más fundamental falta de amor. En vez
de detener el derramamiento de sangre, la controversia sobre el aborto se
convierte, entonces, en cuestión de expresar creencias.
Más aún, para reconciliarnos con nuestro prójimo, tenemos que
responder adecuadamente a sus necesidades. "Pues el que tuviere bienes del mundo
y, viendo a su hermano tener necesidad, le cerrara sus entrañas, ¿cómo la
caridad de Dios permanece en él?" (1 Jn 3:17) ¿Hay alguien más necesitado que un
niño en el vientre? ¿Hay alguna necesidad mayor que salvar la propia vida frente
a un ataque letal?
Para reconciliarnos con el prójimo, debemos evitar el falso
testimonio. Afirmar de palabra o en los hechos, que los niños por nacer tienen
menor valor que el resto de nosotros, es "mentir contra tu prójimo". Si lo
estamos haciendo, no estamos listos para presentar nuestra ofrenda en el altar.
Comunión significa unión,
y la unión requiere reconciliación. Esto se aplica a todo ciudadano. ¿Cuánto
más aplicable es a aquellos que, como los funcionarios públicos, tienen la
oportunidad de sancionar leyes que eliminan u otorgan protección a su
prójimo más vulnerable?