Nuestras promesas bautismales incluyen la renuncia a Satanás,
a todas sus obras, "y a todas sus seducciones."
Una de sus seducciones al desatar el aborto sobre nuestra
nación fue que de alguna manera la disponibilidad de este procedimiento haría
disminuir la incidencia de abuso infantil. El razonamiento era del siguiente
tenor: si se aborta a los niños no deseados sólo nacerán niños deseados, y como
los niños deseados son menos susceptibles de ser abusados, ¡ entonces el abuso
infantil disminuirá en un país con aborto a pedido!
Sin embargo era una promesa vacía. Ha ocurrido exactamente lo
opuesto. Desde la legalización del aborto, el abuso infantil se ha incrementado.
La promesa contenía un error fatal, concretamente la premisa
que los niños no deseados son más susceptibles de ser abusados. Como ya
lo reportara en 1976 E.F. Lenoski, en realidad, lo opuesto es lo correcto. Es
más probable que ocurran abusos entre niños "deseados." Philip Ney,
psiquiatra canadiense, reporta resultados similares. Dice: "Cuando investigué
la relación entre abuso infantil y aborto y reporté una correlación directa, la
gente se enojó y se sorprendió. Parecía que la tasa de abuso infantil no
disminuyó cuando el aborto estaba disponible libremente. De hecho, lo opuesto
era verdad. En aquellas áreas de Canadá donde había bajas tasas de aborto, había
bajas tasas de abuso infantil. A medida que aumentaban las tasas de aborto,
también lo hacía el abuso infantil... En efecto, es un círculo vicioso. Así es,
los padres que han participado en abortos tienen mayor propensión a abusar y
abandonar sus hijos. Las madres y los padres que fueron abusados cuando eran
niños tienen mayor propensión a abortar su hijo." (Deeply Damaged, p.91)
Lo primero que debemos notar al examinar la relación entre
aborto y abuso infantil es que el aborto es abuso infantil.
Desmembrar un niño nacido sería considerado ciertamente entre las peores formas
de abuso. Los textos de medicina y los testimonios judiciales usan la misma
palabra, "desmembramiento", para describir lo que se le hace al niño por nacer
con el aborto. ¿Cómo es posible que esto no sea abuso infantil?
Permitir el abuso de un niño por nacer crea entonces una
atmósfera en la que callada y secretamente se justifica el abuso de niños
nacidos. El niño se convierte en el chivo expiatorio de nuestros conflictos no
resueltos. Tal como los israelitas en el Antiguo Testamento cargaban sus pecados
sobre un chivo, que después se enviaba al desierto, permitimos que el niño,
particularmente cuando se encuentra todavía en el vientre, sufra por nuestros
pecados.
Las dos formas de abuso infantil, sobre el no nacido (aborto)
y el nacido, se refuerzan recíprocamente por mutua causalidad. El aborto genera
más depresión post-parto, que inhibe la posibilidad de relacionarse con los
niños subsiguientes. De igual modo las heridas por abuso encuentran eco luego
durante la vida en el acto esencialmente auto-destructivo del aborto.
En columnas siguientes examinaremos estas conexiones más
acabadamente. Debe notarse que aquí estamos hablando de dinámicas psicológicas y
correlación estadística y eso no significa que toda mujer que
se haya hecho un aborto será una mala madre.