Hay una correlación estadística significativa
entre el abuso infantil y el aborto, es una relación mutua que hace que el abuso
de niños subsiguientes sea más probable después de haber tenido un aborto y que
haber sido abusado como niño haga más probable que uno se haga un aborto luego
en la vida.
En primer lugar, es obvio que el aborto mismo
es la peor forma de abuso infantil. En segundo término debe destacarse que
estamos hablando de relaciones estadísticas. Estas conexiones no significan que
todos los que han abortado abusarán de sus hijos, o que todos los que son
abusados abortarán.
Aclarado este punto, examinemos por que tener
un aborto puede llevar al abuso infantil.
Para empezar, todo embarazo es una "crisis" en
el buen sentido de la palabra. El embarazo crea desafíos y exigencias únicas
para que la madre madure. El cuerpo, la mente y el espíritu deben crecer para
poder adaptarse a la llegada del niño. Esta "crisis de incorporación", como la
llaman los psicólogos, ubica a la madre en una encrucijada: o bien acepta los
cambios que el embarazo requiere, o aborta el niño, optando por una derivación
regresiva en vez de madurar.
La opción de no madurar y mantenerse egoísta,
hace mas probable que la madre permanezca con un padre menos maduro, y esta
inmadurez es una de las causas clave del abuso y abandono de otros niños.
Un segundo problema es que los padres no
tienen ningún derecho legal para salvar a su hijo no nacido de un aborto. El no
saber si el niño vivirá o morirá crea una ambivalencia en el padre y una
reticencia a relacionarse con el niño. Como no están unidos por un vínculo al
niño, también exhiben menor apoyo a su pareja. Después de un aborto, la
alienación empeora. Algunos estudios muestran una tasa de separaciones de hasta
un 80% con posterioridad al aborto. La ira de la madre por la falta de apoyo por
parte del padre de la criatura puede desplazarse al niño nacido.
Una tercera razón que puede llevar al abuso se
relaciona con los vínculos. Abortar hace mas difícil la vinculación con el
próximo niño, los bebes que no están bien unidos tienen mayor riesgo de ser
abusados y abandonados. Un embarazo después de un aborto crea más ansiedad, en
parte por una sensación fatalista que el niño será anormal (como castigo por
haber abortado el anterior). Esta ansiedad puede interferir con la unión
vincular.
Más aun, si el dolor del aborto no se procesa
adecuadamente, se convierte en depresión post-parto, que interfiere con los
vínculos. Cuando uno está sufriendo aún por la perdida de un niño, no puede
vincularse con un nuevo bebé, porque permanece todavía el vínculo con aquel que
ha muerto. La falta de unión con el que está vivo puede llevar al abuso y
abandono.
Puede haber también una sensación de
desilusión con el niño siguiente, que se compara con el niño abortado quien a
menudo es idealizado en la mente de la madre. Las expectativas del nuevo niño,
que a veces se considera "el bebe de reemplazo," no son satisfechas generando
ira que puede llevar al abuso y abandono.