El 25 de marzo se cumple el décimo aniversario de la encíclica
del papa Juan Pablo II Evangelio de la Vida (Evangelium Vitae). No se
trata de un documento más. Es literalmente una celebración. Celebra a Cristo,
que es personalmente el Evangelio y la Vida. Celebra la humanidad, el amor y la
libertad verdadera.
La Iglesia sabe como celebrar, el mundo se ha olvidado. La
Iglesia sabe recibir y dar vida y amor. De hecho, el verdadero significado de la
vida es dar y recibir amor. (ver # 81) Pero el mundo está demasiado preocupado
por la utilidad, la eficiencia y la productividad (# 22). El mundo está muy
ocupado huyendo despavoridamente del sufrimiento y la muerte. (# 64, # 66-67)
Huye de ellos porque ha olvidado su significado. Los ve solamente como cosas que
deben evitarse y controlarse. Irónicamente ese olvido sumerge al mundo más y más
en aquello de lo que quiere escapar. Y en medio de su esclavitud de la muerte,
el mundo declama libertad, temiendo ser esclavizado por aquel que trae la
verdadera libertad: Cristo.
El mundo necesita "la Buena Noticia", eso significa
"Evangelium." Este documento comienza diciendo: "El Evangelio de la vida está
en el centro del mensaje de Jesús. Acogido con amor cada día por la Iglesia, es
anunciado con intrépida fidelidad como buena noticia a los hombres de todas las
épocas y culturas." (#1)
La vida es dichosa, luego debe ser proclamada (# 80-82),
celebrada (# 83-86) y servida. (# 87-89) El mensaje de la vida no es optativo, o
agregado al Evangelio, sino que está en el corazón del Evangelio. El Evangelio
de la Vida es simplemente el Evangelio de Cristo, porque El es la Vida. (ver #
29) La Iglesia es inexorablemente pro-vida (# 28) precisamente porque es
femenina. La Iglesia es la Esposa de Cristo y Madre de los creyentes, y de
hecho, de toda la humanidad. (# 3)
Hoy en día, la tierra está cubierta con sangre inocente, que
clama desde el suelo hacia el Dios que la hizo. (ver # 7-9, Gen. 4:2-16) Pero
gracias a Dios, hay otra Sangre que clama al cielo más elocuentemente. (ver #
25, Heb.12:22-24) El clamor de la sangre de Cristo dispensa misericordia a
aquellos que han derramado la sangre de sus hermanos. La Sangre derramada de
Cristo enseña el significado del amor, que consiste en sacrificarse por el bien
de la otra persona. Reversa la dinámica de la cultura de la muerte que sacrifica
a la otra persona por el bien propio. La Sangre de Cristo, una gota de la cual
podría purificar mil millones de mundos, nos da la fuerza para llevar adelante
la "gran campaña en nombre de la vida" que la encíclica reclama. (# 95) El mismo
movimiento pro-vida es un signo de esperanza y de victoria. (# 26) La encíclica
contempla aquel día en que "no habrá ya muerte." (Ap. 21:4, ver #105) Ese tiempo
viene llegando, y esa promesa es, en resumidas cuentas, el Evangelio de la Vida.
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