Fr. Frank Pavone
National Director, Priests for Life
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El compromiso de defender a los seres humanos más débiles y
vulnerables no surge de un partido o una plataforma política ni de una agenda
personal o comunitaria. Tampoco surge de los obispos, sacerdotes o pastores.
Surge de nuestra misma humanidad creada, como lo es, por la propia mano
de Dios. Dios, que es Vida, inscribe su valor en nuestros corazones y nos otorga
tanto el don de la vida como el privilegio y el deber de defenderla. Nadie
necesita ningún tipo de permiso para defender la vida, ni nadie puede excusarse
de ese deber. Nadie tiene un monopolio en la defensa de la vida, ni es la
defensa de la vida un medio para alcanzar un objetivo. Defender la vida es un
fin en sí mismo, y contiene de suyo cualquier justificación necesaria.
Hasta ahora, los dos principales partidos políticos de los
Estados Unidos han tomado posturas opuestas sobre el derecho a la vida. La
plataforma del partido Demócrata (2004) dice: "porque creemos en la privacidad y
la igualdad de las mujeres, defendemos con orgullo el derecho de una mujer a
elegir, de acuerdo con Roe v. Wade, sin importar su capacidad de pago." La
plataforma del partido Republicano (2004) dice: "Debemos mantener nuestro
compromiso con la primera garantía de la Declaración de Independencia. Por ello
decimos que el niño por nacer tiene un derecho fundamental a la vida que no
puede ser violado. Apoyamos una enmienda constitucional por la vida humana y
apoyamos legislación que aclare que las protecciones de la 14ª enmienda se
aplican a los niños por nacer. Nos oponemos al uso de ingresos públicos para el
aborto y no financiaremos organizaciones que lo promueven."
Sin embargo, hay miembros pro-vida y pro-aborto en ambos
partidos, incluyendo legisladores estatales y federales.
Hace poco, durante una conferencia organizada por Demócratas
por la Vida (Democrats for Life) en la sede del Comité Nacional Demócrata
(Democratic National Committee) en Washington, estuve con algunos
congresistas Demócratas pro-vida. El tema fue la iniciativa "95-10" que contiene
numerosas propuestas legislativas destinadas a reducir el número de abortos en
los próximos 10 años en un 95 %.
Hay muchas propuestas en este paquete; por ejemplo
disposiciones sobre el derecho de una mujer a saber, financiación para la
promoción de alternativas al aborto, fortalecimiento de las prácticas de
adopción y otras más. Se trata de objetivos clave que todos debemos buscar. Por
supuesto, la forma precisa en que estas y otras propuestas en el programa 95-10
deben legislarse ha de debatirse y refinarse cuidadosamente. Por ejemplo,
siempre debemos evitar caer en la trampa de pensar que el acceso a los
anticonceptivos es la solución al problema del aborto. De hecho, lo contrario es
verdad.
Finalmente no podemos contentarnos con reducir el número de
abortos. Debemos reconocer que las leyes que permiten aún un único aborto
atentan contra el entramado de nuestra libertad y nuestra república. El aborto
es un acto de violencia que ninguna nación tiene el derecho de permitir. Cuándo
cualquier persona en nuestra gran nación, Demócrata o Republicano, quiere
promover la Cultura de la Vida en cualquier grado, merece de todos nosotros un
"¡Amén!"
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