No Hay
Lugar en la Hostería
Fr. Frank Pavone
Priests for Life
(Versión en Inglés)
“Y lo envolvió en pañales,
y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la hostería.”
(Lucas 2:7)
El hecho de que no hubiera
lugar para Jesús, María y José en la hostería de Belén en la primera Navidad
debería hacernos pensar, porque el nacimiento de Cristo fue previsto y planeado
por Dios desde toda la eternidad. Cientos de años antes de que ocurriera, los
profetas anunciaron que nacería de una virgen (Isaías 7:14) y que Belén sería el
lugar de su nacimiento (Miqueas 5:2). También fueron predichos muchos otros
detalles de su vida y de su muerte. ¿Acaso Dios se olvidó de preparar un lugar
para su Hijo? ¿Cómo es posible que no hubiera lugar, cuando el niño nacido en
Navidad es el dueño de la hostería, de Belén, del mundo y de cada pulgada de
espacio en todo el universo?
Obviamente, Dios hizo esto
a propósito. No había lugar en la hostería, porque esto demuestra que el mundo
ha rechazado a Dios. El mundo no hace lugar para el Dios que lo creó. No había
lugar en la hostería porque Dios quería mostrar que su Hijo viene como Salvador,
a reconciliar un mundo que está enemistado con Dios. Ser rechazado en la
hostería anticipa el hecho que el mismo Salvador será rechazado, odiado y en
última instancia crucificado; y todo esto era parte del plan de Dios desde toda
la eternidad. En definitiva, la falta de lugar en la hostería simboliza la falta
de lugar para El en nuestro corazón. Cuando nuestros corazones están llenos de
toda clase de deseos que no son Dios, lo terminamos expulsando lentamente.
Que no haya lugar en la
hostería significa también que no preparamos un lugar para nuestros hermanos y
hermanas. El primer gran mandamiento es amar a Dios, y el segundo es parecido:
amar al prójimo. Cristo deseó ser dejado afuera, porque siempre se solidariza
con los que son excluídos, abandonados y expulsados. Esa es la situación hoy en
día de los niños por nacer. Se los expulsa de las agendas repletas de mucha
gente que hace muchas cosas buenas e importantes, pero no está dispuesta a
levantar ni un dedo para proteger las vidas de estos niños amenazados por el
aborto. Han sido expulsados de las agendas legislativas, programas de
predicación, planes de carrera y actividades de voluntarios. Ya hay demasiadas
cosas para hacer, no hay lugar en la hostería.
Cristo llega en Navidad
para cambiar todo eso. Hoy no busca la hostería, busca espacio en nuestros
corazones y nuestras vidas. Y pide que al recibirlo, recibamos a todo el que el
recibe, incluyendo los niños más indefensos y abandonados. Recibimos al Divino
Niño, y al hacerlo, recibimos a cada niño. Al celebrar la Navidad, cantamos en
el villancico “Oh Santa Noche” (O Holy Night) las palabras, “Romperá las
cadenas, porque el esclavo es nuestro hermano, y en su nombre cesará toda
opresión.” (“Chains shall he break, for the slave is our brother, and in his
name all oppression shall cease.”) ¡Amén! ¡Qué cese la opresión y llegue la
Navidad para los niños por nacer!