Dios es
Amor
Fr. Frank Pavone
National Director, Priests for
Life
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El papa Benedicto XVI
emitió su primera encíclica, “Dios es Amor,” el día de Navidad del 2005. La
carta clarifica el sentido cristiano de la palabra “amor,” acentuando que no se
trata de un mero sentimiento, sino que tiene forma y contenidos específicos que
se encuentran en Jesucristo, el Hijo de Dios encarnado. Más aún, el Amor
constituye un programa concreto de acción para toda la Iglesia y es tan esencial
para la Iglesia como lo son la Palabra y los Sacramentos.
¿Qué implicaciones tienen
las enseñanzas de esta encíclica para el movimiento pro-vida?
La encíclica implica que el
movimiento pro-vida está en el corazón de la respuesta que dan el cristiano y
toda la Iglesia al mismo Dios. El Papa señala que “la afirmación de
amar a Dios es en realidad una mentira si el hombre se cierra al prójimo.”
(16) El movimiento pro-vida es amor a nuestro prójimo en el vientre. Más aún,
este amor es auto-sacrificio. La encíclica destaca: “Ahora el amor es
ocuparse del otro y preocuparse por el otro. Ya no se busca a sí mismo, sumirse
en la embriaguez de la felicidad, sino que ansía más bien el bien del amado: se
convierte en renuncia, está dispuesto al sacrificio, más aún, lo busca.”
(6).
En el mejor sentido de la
palabra, cada embarazo es un “embarazo en crisis,” o sea, es un momento en que
debemos elegir crecer, con todo el dolor que ello conlleva. La madre embarazada
debe “expandirse” físicamente, psicológicamente y espiritualmente. La encíclica
dice: “Hace falta una purificación y maduración, que incluyen también la
renuncia.”
(5). El niño cambia permanentemente a la madre, y al darse al niño ella misma
encuentra su propio ser más maduro.
Nuestro compromiso pro-vida
es también Eucarístico, porque la unión con Cristo significa unión con todos
nuestros hermanos y hermanas, incluso los no nacidos. El Papa afirma: “La
unión con Cristo es al mismo tiempo unión con todos los demás a los que él se
entrega. No puedo tener a Cristo sólo para mí; únicamente puedo pertenecerle en
unión con todos los que son suyos o lo serán.” (14) Obsérvese que el Papa se
refiere a la unión no solamente con los “que son suyos”, sino con todos los que
“lo serán.” Esto incluye los niños por nacer, que comparten la misma
humanidad que Cristo y nosotros compartimos.
El Papa también señala que
sin perjuicio de la diferencia en los roles, la Iglesia debe trabajar junto al
estado para construir una sociedad justa. La Iglesia no “puede ni debe
quedarse al margen en la lucha por la justicia. Debe insertarse en ella a través
de la argumentación racional y debe despertar las fuerzas espirituales, sin las
cuales la justicia, que siempre exige también renuncias, no puede afirmarse ni
prosperar.” (28)
En resumen, “Dios es Amor”
apuntala “El Evangelio de la Vida” porque “el
Evangelio del amor de Dios al hombre, el Evangelio de la dignidad de la persona
y el Evangelio de la vida son un único e indivisible Evangelio.” (EV, 2)