¿Por qué un abortero?
by Fr. Frank Pavone
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El 10 de marzo, algunos
promotores del aborto celebran el “Día Nacional de Reconocimiento a los
Proveedores de Abortos.” Recomiendan que la gente aliente a los hombres y
mujeres que se ganan la vida, por lo menos parcialmente, asesinando bebés.
Quienes promueven este día de reconocimiento sugieren actividades como el envío
de tarjetas y cartas, cestas de frutas y flores a los aborteros y sus empleados,
o bien la publicación de avisos apoyándolos. Sería muy bueno, si no fuera porque
muy pocos entre quienes hacen esas cosas comprenden que nada de eso
ayuda. Ni siquiera todas las flores del mundo pueden cambiar el hecho que la
mayoría de los aborteros detestan lo que hacen.
Esto sorprenderá a muchas
personas a ambos lados de la controversia sobre el aborto, pero estudios sobre
aborteros y la experiencia pastoral que tenemos en Priests for Life trabajando
con la industria y aquellos que la han abandonado, confirma que los aborteros
tienden a odiar lo que están haciendo y sienten que hacen el trabajo sucio de la
sociedad.
Entre los que han realizado
investigaciones pioneras en esta área se encuentra el Dr. Philip Ney, un
psiquiatra canadiense que durante décadas ha estudiado cómo y por qué uno se
hace abortero y cómo y por qué deja de serlo. Son preguntas críticas. ¿Cómo y
por qué alguien incurre los gastos y padece los rigores de las escuelas de
medicina para ser conocido como abortero con todo el estigma que ello acarrea?
¿Por qué dedicaría alguien sus habilidades sanadoras a un procedimiento que no
ha sido demostrado que pueda tratar o curar ningún padecimiento físico,
psicológico o social? Como dice el Dr. Ney, “No pareciera tener sentido que
un hombre o mujer apuestos bese a sus hijos afectuosamente al despedirlos a la
mañana, tome su maletín y maneje hasta una clínica de abortos donde su única
intención es matar y mutilar.” (The Centurion’s Pathway, 7.)
No, no tiene sentido, hasta que
comenzamos a ver un patrón que ha revelado la investigación sobre los aborteros;
un patrón de abuso y negligencia cuando ellos mismos eran niños. Por supuesto
que esto no significa que no sean responsables por lo que están haciendo. Pero
si el niño en ellos fue asesinado psicológicamente cuando la persona era joven,
entonces cuando esa persona sea adulta, revivirá el trauma asesinando
físicamente el niño adentro de otra persona. Los psicólogos designan a este
fenómeno como “representación traumática.” No entendemos lo que nos pasó, por
eso tratamos de repetirlo, revivirlo, recreando las circunstancias que lo rodean
para poder dominarlo.
Es un aspecto poderoso y temible
de la forma en que trabaja nuestra mente. Explica por que una persona puede
pasar de una relación abusiva a otra como si pareciera que nunca aprendiese. La
razón es precisamente que la persona está tratando de aprender sobre lo
que está sufriendo. Y mientras tanto lo está odiando.
El abortero David Zbaraz dijo:
“Es una cosa repugnante, sucia, asquerosa y siempre llego a casa enojado.”
(Washington Post, 3 de marzo de 1980). Como veremos en la columna de la próxima
semana, hay muchos que hoy sienten lo mismo.
Priests for Life announces a "Day of
Invitation" to abortion providers.