Deshumanizados
By Fr. Frank Pavone
Versión en Inglés
[Esta
columna es continuación de nuestra serie actual sobre los proveedores de
aborto.]
Todos
tenemos una barrera natural psicológica y física que nos impide matar a alguien.
En circunstancias normales, simplemente no podemos hacerlo. Es parte de nuestra
humanidad. Es más fácil matar cuando uno primero deshumaniza a la víctima.
Los matones primero insultan a sus víctimas y después les pegan. Sin embargo, al
deshumanizar a la víctima, el victimario se deshumaniza a sí mismo. Es lo que
sucede con los aborteros.
En
general, los aborteros comienzan a estudiar medicina con la noble esperanza de
ayudar a la humanidad. Sin embargo, la mayoría proviene de una niñez marcada por
el abuso o el abandono y tienen muy poca auto-estima. Un mentor apreciado puede
desviarlos de su camino y mostrarles un aborto y así comienza un proceso de
deshumanización que se acelera en el instante en que el aprendiz de abortero
rehúsa oír la voz de su conciencia. El Dr. Philip Ney explica en su libro El
Camino del Centurión (The Centurion’s Pathway), “suprimen su protesta
natural, “No, no debes hacerlo”, del mismo modo que anularon las protestas ante
su propio maltrato. Una vez que han participado pasivamente en un aborto, deben
comenzar a racionalizar ante ellos mismos por que no protestaron.” (p. 39)
El doctor
David Brewer, un ex-abortero, cuenta su propia historia: “Puedo recordar
aquel día en que vi el primer aborto con el médico residente sentado e
introduciendo el tubo y removiendo los contenidos… Iba a ver un nuevo
procedimiento y a aprender, y eso era excitante… Abrí el frasco y…allí había
partes de una persona. Había estudiado anatomía; era estudiante de medicina;
sabía lo que estaba mirando. Había una pequeña escápula y un brazo y vi algunas
costillas y un tórax, y vi una cabeza pequeñita, y vi un pedazo de una pierna, y
vi una manito, y vi un brazo. Era como si alguien hubiera puesto un atizador
caliente dentro de mí… Tenía conciencia y me dolía… Tuve que pasar por una
experiencia emocionalmente muy dura. Por eso hice lo que la mayoría de la gente
hace durante su vida, no hacemos nada. No hablé con nadie sobre ello… y ¿saben
lo que pasó? Vi otro aborto. ¿Saben una cosa? Ese también me dolió. Pero seguí
viendo abortos, y cada vez me dolía un poquito menos. ¿Saben lo que pasó
después? Me senté e hice uno… El primero que hice fue un poco duro. Era como si
me doliera nuevamente como un atizador caliente. Pero después de un tiempo
llegue a un punto en que no me dolía más. (Testimonio en la conferencia “Conozca
a los proveedores de abortos” “Meet the Abortion Providers,” Chicago).
El Dr.
Bernard Nathanson abortó incluso a su propio hijo y escribe sobre sus
sentimientos. “Les juro que no tenía otro sentimiento que el sentido de
haberlo logrado, el orgullo de la destreza. Al inspeccionar los contenidos de la
bolsa solo sentí la satisfacción de saber que había hecho un trabajo
exhaustivo.” (La mano de Dios, The hand of God,
p. 60)
El aborto
destruye a los mismos aborteros.