Triángulo Trágico
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La
violencia contra otros seres humanos involucra tres tipos de personas: el
perpetrador, la víctima y el observador. Esto se denomina “triángulo trágico.”
En el abuso infantil, el niño es la víctima, el abusador es el perpetrador, y
quienes se enteran del abuso mientras ocurre son los observadores. El aborto
también es un triángulo trágico. El abortero es el perpetrador en colusión con
los padres, el niño es la víctima y el resto somos los observadores.
Algunos
pueden concluir que el perpetrador es el que tiene mayor culpa de los tres. Sin
embargo, en la mayoría de los triángulos trágicos, los observadores tienen la
mayor culpa. Están más distantes de la tragedia y generalmente tienen mayor
objetividad para evaluar el mal y las oportunidades de detenerlo. El psiquiatra
Philip Ney señala que “los observadores en los triángulos trágicos son
quienes tienen la mayor responsabilidad. En primer lugar, porque pueden ser más
objetivos, pero también porque a menudo se benefician permitiendo que la
tragedia comience o continúe” (El camino del centurión, The Centurion’s
Pathway, p.25). Con relación al aborto, señala además que “los
observadores son igualmente culpables, [y su] auto-justificación está más
arraigada y su racionalización es más difícil de desbaratar. “Personalmente
no apruebo, pero las terminaciones clínicas, limpias son mucho mejores que los
abortos en un callejón”” (p. 44).
Una de
las principales responsabilidades del observador en el triángulo trágico del
aborto es salir al encuentro del abortero. El Dr. Ney que ha trabajado con
muchos aborteros y los ha ayudado a dejar la industria del aborto, comenta: “de
una u otra manera, el abortero a menudo apela a los observadores. “Claro que
de alguna forma, hay algún camino para detener esto. Si realmente hubieran
perseverado hubieran podido pararme. Quizás me hubiera resistido, pero hubiera
escuchado. Pienso que por lo menos hubiera sido influenciado.”” (p. 25).
El
testimonio de antiguos aborteros confirma esto. La antigua operadora de clínicas
de aborto Carol Everett cuenta la historia de un predicador que la venía a
visitar a la clínica. “Durante un largo período de discusiones, me dijo que
Dios le había pedido que se sumergiera en esta situación por 30 días, pues
efectivamente allí había alguien que el Señor quería sacar. Nos fuimos al cabo
de 27 días” (Testimonio en la Conferencia Conozca a los Proveedores de Aborto,
Meet the Abortion Providers Conference, Chicago).
El
antiguo abortero Tony Levatino tuvo un paciente que regularmente daba testimonio
ante él, hasta que dejó de hacer abortos. Nos cuenta: “Les puedo decir que si
hubiera suficientes mujeres que vinieran a Uds. y les dijeran, “Creo que es
un gran médico. Nos hubiéramos llevado muy bien, pero no puedo ir a verlo más
porque hace abortos.”
Esto tendría un efecto real. Como he dicho, para la mayoría de
los ginecólogos promedio, el aborto no representa una parte importante de su
consulta. Si vieran que otra parte de su negocio se pierde a causa de él, su
costo sería mayor que el beneficio” (Testimonio en la conferencia Conozca a los
Proveedores de Abortos, Chicago).
Los
observadores tienen el poder de parar a los perpetradores.