Aborteros
Convertidos
Fr. Frank Pavone
National Director, Priests for Life
Versión en Inglés
“El
centurión que estaba al pie de la cruz de Cristo inmediatamente se horrorizó por
la crucifixión que acababa de ejecutar siguiendo órdenes. Cuando Cristo murió,
ese centurión soltó su espada y arrodillándose exclamó: “Verdaderamente, ¡este
hombre era inocente!”
Los
que hemos participado en el asesinato de niños por nacer somos los centuriones
de hoy. Hemos dejado nuestras espadas que empuñábamos contra los niños por
nacer. Ahora debemos reconocer la profundidad de nuestra culpa y lidiar con sus
ramificaciones… Para revitalizar nuestra humanidad tenemos que perdonar y ser
perdonados, reconciliarnos y ser sanados.”
Estas
palabras provienen de un folleto de la “Sociedad de Centuriones” (Society of
Centurions), una organización para antiguos proveedores de abortos. Estas
palabras transmiten de una manera bella y conmovedora lo que está pasando en
todo el país a medida que cientos de aborteros y sus asistentes experimentan el
arrepentimiento, la conversión y la sanación.
En las
últimas siete columnas, he reflexionado sobre las vidas y las almas de los
aborteros. He citado sus palabras para que puedan vislumbrar su dolor. En esta
columna, me complace contarles una vez más que antiguos aborteros algunos de los
cuales, como Bernard Nathanson, Carol Everett y Tony Levantino, Uds. ya conocen
son sólo la “punta del iceberg.” Hay muchos más y son más aún los que continúan
acercándose a diario a la luz de Cristo.
Nuestro
ministerio en Priests for Life, que opera el mayor programa de recuperación de
abortos en el mundo, Rachel’s Vineyard, también asiste a los aborteros en su
camino al arrepentimiento. Nunca olvidaré cuando sentado con un grupo de estos
varones y mujeres durante varios días en Semana Santa escuchaba como decidían
que al regresar a casa tratarían de contactar a cada mujer a la que habían
practicado un aborto para pedirle perdón. También los escuché contar como,
después de su conversión, dedicarían cada día a uno de los niños que habían
asesinado. Les pondrían nombre, les escribirían cartas y rezarían una profunda
plegaria de perdón.
¿Cómo
empieza esta conversión? Mi experiencia confirma lo que también afirma el Dr.
Philip Ney. Según él, “los factores que cambiaron su opinión sobre la
práctica de abortos, en el siguiente orden de ocurrencia, fueron: evidencia de
la humanidad del niño, una experiencia espiritual, angustias personales,
evidencia de la angustia de la madre, artículos científicos, ser aceptados como
persona, una relación personal con alguien pro-vida, piquetes pro-vida. Para la
mayoría… hubo más de un factor.”
(El camino del centurión, The Centurion’s Pathways, p.77)
El camino
no es fácil. Hay tanto dolor y culpa que enfrentar y tantas racionalizaciones
que deshacer que el centurión se verá tentado a decir: “Ahora está todo bien,
Jesús me ha sanado, y simplemente olvidaré el pasado.” Pero Jesús, que nos sana,
nos llama a enfrentar la verdad de lo que hemos hecho, restituir cuando es
posible, y comprometernos en el difícil trabajo de reparar relaciones. Priests
for Life está listo para ayudar.
Oremos
por los Centuriones, y ¡ojalá que su número aumente!