Quinto
Aniversario
Fr. Frank
Pavone, National Director
Priests for
Life
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El próximo lunes 11 de
septiembre la nación hará una nueva pausa para recordar un hecho que es difícil
olvidar. Ese día se cumplen exactamente cinco años de una manifestación del mal
que nos conmovió y nos hizo reflexionar, de la que fuimos testigos, cuando
terroristas atacaron Nueva York y Washington, D.C.
Ese día estaba en Nueva York.
Mientras participábamos en una reunión de staff de Priests for Life, cuando
todavía no sabíamos lo que estaba pasando, vimos humo que empezaba a levantarse
del bajo Manhattan. Y la mañana se volvió como una noche. Cuando estábamos en
misa esa mañana, tenía el humo de las torres caídas en la misma línea visual que
el Cuerpo de Cristo. “Este es mi cuerpo, entregado por vosotros.”
Hasta el día de hoy, cada vez
que salgo de la oficina de Nueva York, me viene a la mente esa mañana. Y
me alegro de que así sea. No quiero olvidarlo. Quiero que siga alentándome en mi
trabajo diario en defensa de la vida humana.
¿Después de todo, cual fue el
mal del 11 de septiembre? ¿Fue la pérdida de vidas y la destrucción de
edificios? Un terremoto o una ola asesina podrían haber causado el mismo daño,
pero en esos casos no lo hubiéramos llamado terrorismo. No hubiera sido igual
que el mal del 11 de septiembre.
¿Cuál fue específicamente el mal
que ocurrió del 11 de septiembre? Fue que algunos seres humanos despreciaron
el derecho a la vida de otros seres humanos. Eso hace que los hechos de ese
día sean profundamente más inquietantes que una “pérdida” o una “tragedia”, es
lo que los hace “malos.”
¿Acaso hay alguna diferencia en
el mal si las víctimas miden cinco pulgadas en vez de cinco pies, o si los
instrumentos para asesinar son fórceps quirúrgicos en vez de aviones? El mal
contra el que peleamos cuando nos oponemos al terrorismo es simplemente un
reflejo del mal que cometemos. Cada día, de costa a costa, las clínicas de
aborto de nuestro país causan el mismo mal. Algunos seres humanos desprecian el
derecho a la vida de otros seres humanos.
Otro paralelo escalofriante es
que tanto el terrorismo como el aborto se racionalizan con lenguaje religioso.
En ambos casos, es la perversión de la verdadera religión. Los extremistas
musulmanes distorsionan su religión matando inocentes en nombre de Dios. Y la
Coalición Religiosa para la Elección Reproductiva (Religious Coalition for
Reproductive Choice – RCRC) distorsiona el cristianismo llamando una “santa
elección” al aborto y celebrando liturgias que honran esa elección. En mi
calidad de presidente del Concilio Nacional Religioso Pro-Vida (Nacional
Pro-Life Religious Council), he supervisado un proyecto para desenmascarar el
extremismo de este grupo a través de un libro titulado “¿Santo Aborto?”
En la publicación de la RCRC “Oraciones Pro-Elección. Recursos para el Culto.”
(Prayerfully Pro-Choice: Resources for Worship), se afirma que la elección que
(nombre) y (nombre) han hecho también es una elección sagrada, una elección por
la coherencia y la responsabilidad en la vida.” (p.87)
Una vez más se acerca el 11 de
septiembre. Saldré por la puerta de mi oficina. Pensaré en lo que pasó hace
cinco años. Después pensaré en la clínica de aborto más cercana. Y me propondré
trabajar con más ahínco.