Navidad, los cristianos y Cristo
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Hace algunos
años, le pidieron a un grupo de estudiantes que escribieran algo sobre el
significado de la Navidad. Un estudiante escribió: “Navidad es cuando los
cristianos celebran a Cristo.” Al maestro le gustó el trabajo, pero le pidió al
estudiante que cambiara esa oración por “Navidad es cuando la gente celebra el
amor.”
Algunos se
preguntarán cuál es la diferencia. Después de todo, los cristianos son gente y
Cristo es amor.
Sin embargo,
hay una diferencia, y esa diferencia es tan profunda que si la ignoramos,
ignoramos el significado de la Navidad y de Cristo.
Por supuesto
que los cristianos son gente. Pero no toda la gente es cristiana. Ser cristiano
es mucho más que ser buena persona. Se trata de convertirse en una nueva
persona, compartiendo un nuevo tipo de vida – la vida misma de Dios. La
Navidad no es simplemente el nacimiento de un niño, es el nacimiento de una
nueva humanidad. Todos mueren en Adán, en Cristo todos vuelven a la vida. Por la
fe y el bautismo somos partícipes de la naturaleza divina. En cada misa, el
sacerdote dice: “El agua unida al vino sea signo de nuestra participación en la
vida divina de quien ha querido compartir nuestra condición humana,” mientras
agrega unas pocas gotas de agua al vino. De eso se trata la Navidad. San Agustín
dijo “Dios se hizo hombre para que el hombre pueda ser Dios.”
Hoy en día es
común que las predicaciones pierdan de vista esta dimensión fundamental del
Evangelio. Por eso existe el riesgo de que la gente vea la Navidad simplemente
como un momento para celebrar, para dar, estar en familia y desear paz en la
tierra. Se trata de eso, pero solamente porque se trata primeramente de Dios que
reconcilia a la humanidad consigo en Cristo y abre el camino para que la
humanidad participe de su vida divina. La Navidad es una fiesta cristiana.
Y también
importa el significado de “amor.” Así es, la gente celebra el amor en
Navidad, pero es solamente en Cristo que aprendemos completamente la naturaleza
del amor y obtenemos la fuerza para practicarlo. “Amense los unos a los otros
como yo los amé,” nos ordenó. El amor que estamos llamados a vivir es un amor
que se nos revela en Cristo que se ofrece en la cruz, y es un amor que requiere
que demos nuestras vidas por los otros. Es un amor forjado por el primero y más
grande de los mandamientos: Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, toda
tu mente, toda tu alma y toda tu fuerza. Sin el amor de Dios, no podemos
alcanzar la fortaleza para amarnos los unos a los otros. Y sin Cristo, no vemos
la revelación plena de Dios.
El amor tiene
un contenido, y ese contenido se define por el Evangelio de Jesucristo. Amar no
es simplemente una buena intención, o el contexto en el que hacemos lo que nos
parece lo mejor. El amor siempre requiere algunas acciones y siempre prohibe
otras.
En Navidad,
Dios llama a todas las personas a celebrar el amor que se encarnó en Cristo,
creyendo en El y siguiéndolo en la vida nueva y eterna que nos trae.