¿Víctimas o puntos de vista?
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Una de las
principales razones por las que no se ha restablecido la protección de los niños
por nacer en nuestro sistema legal, y por la que los funcionarios públicos no
alcanzan a persuadir a sus colegas sobre la necesidad de restaurar esa
protección, es que se sigue presentando el problema como si se tratara de
diferentes puntos de vista en vez de víctimas.
Ya sea que
estén a favor de la vida o no, muchos funcionarios electos hablan de sus “puntos
de vista” sobre el aborto o sus “creencias” sobre la vida. Eso está muy bien y
confiamos en que tengan los puntos de vista y las creencias correctas. Pero nada
de eso resuelve el problema.
No se trata de
una cuestión de creencias, sino de sangre derramada. No se trata de puntos de
vista, sino de víctimas. Hay víctimas que son asesinadas por millares cada día y
nadie mueve un dedo para acabar con este derramamiento de sangre, porque estamos
todos muy ocupados expresando (o discutiendo) nuestros puntos de vista y
creencias. El tema se ha vuelto muy abstracto.
Si la guerra
del aborto en los Estados Unidos fuera solamente sobre diferentes creencias y
puntos de vista, entonces el rol del funcionario público sería simplemente
defender el derecho de cada persona de tener sus opiniones y expresarlas,
manteniendo la paz en el proceso. Los más corajudos podrían avanzar un paso más
y expresar sus propias creencias como funcionarios públicos, afirmando que la
vida es sagrada.
Pero si la
guerra del aborto es una cuestión de víctimas que son asesinadas cada día, el
rol del funcionario público es proteger a la víctima. Eso es lo que ley debe
hacer. Trabajamos para proteger a las víctimas de abuso infantil, del crimen
callejero y de los ataques terroristas. En esos temas, no le pedimos a la gente
que simplemente adopte un punto de vista o una creencia particular. Ejercemos la
responsabilidad de proteger a las víctimas a pesar de las creencias de
aquellos que piensan que deberían ser matadas.
He aquí
algunos pasos prácticos para reorientar la discusión sobre el aborto tanto a
nivel nacional como personal.
1. Además de
decir: “Creo que el aborto está mal,” agregar “los niños en el vientre deben ser
protegidos.”
2. Si un
funcionario público dice: “Creo que la vida es sagrada,” preguntarle “¿Qué hará
para proteger la vida en el vientre?”
3. Empezar a
mandar cartas y escribir artículos haciendo una distinción entre la cuestión de
los “puntos de vista” y la cuestión de las víctimas. Establecer paralelos entre
las víctimas del aborto y las víctimas del abuso infantil, el crimen y el
terrorismo. Señalar que lo que decimos es que los no nacidos merecen la misma
protección que tenemos los nacidos.
4. Cuando
algún funcionario católico es pro-aborto, no decir simplemente que ha
traicionado la fe. Señalar que lo que traiciona es la más básica decencia
humana. Apoyar el aborto es apoyar la violencia. Si un funcionario declarase que
las víctimas del crimen no tienen derechos, seguramente estaría en contradicción
con su fe. Pero nos concentraríamos en los derechos de las víctimas. Lo mismo
debe ocurrir con nuestros hermanos por nacer.
5. Ir más allá
de las palabras y mostrar imágenes de las víctimas.