Una comunidad por la vida
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Existen en la
Iglesia todo tipo de misiones, ministerios y carismas. Algunas comunidades han
surgido a través de los siglos, durante los cuales los cristianos hemos crecido
juntos en santidad, para prestar un servicio específico a otros. Hay quienes
enseñan, otros alimentan a los pobres, otros cuidan enfermos en los hospitales,
otros se encargan de la pastoral juvenil. Cada uno tiene un carisma propio, sin
embargo cada carisma destaca algo que pertenece a la vida y la vocación de cada
cristiano.
No hay nada
más opuesto al Evangelio en nuestros días, ni más nocivo para la vida humana que
el aborto. Ninguna enfermedad causa tantas víctimas, ninguna guerra acaba con
tantas vidas y no hay acto terrorista que se aproxime a generar la devastación
que el aborto causa en la familia humana. Por eso, los obispos de Estados Unidos
han declarado, "entre los temas importantes que involucran la dignidad de la
persona humana que preocupan a la Iglesia, el aborto ocupa necesariamente un
lugar central… Es imperativo que aquellos que han sido llamados a servir a los
más pequeños entre nosotros presten urgente atención y den prioridad a esta
cuestión de justicia." (Plan Pastoral de Actividades Pro-Vida de los Obispos
de EE.UU., 2001)
Tiene sentido,
entonces, que haya una comunidad orientada a salvar los niños por nacer y acabar
con el aborto. Por eso, en 1991, el cardenal John O'Connor fundó las Hermanas
por la Vida (Sisters of Life), una floreciente comunidad religiosa de Nueva
York. (Puede encontrar más información en www.SistersOfLife.org)
¿Y qué de una
comunidad similar de sacerdotes, diáconos y laicos? Ahora existe tal comunidad,
fundada en la misión y el espíritu de Priests for Life. El año pasado tuve el
privilegio de convertirme en el fundador y primer moderador general de los
Misioneros del Evangelio de la Vida (Missionaries of the Gospel of Life).
Nuestro primer grupo incluye varios sacerdotes y seminaristas en formación.
Se trata de
una comunidad de vida apostólica, lo que significa que se orienta más a la
misión que a la comunidad. Está basada en Amarillo, Texas, pero su misión se
dirige a toda la nación. Sus miembros reciben entrenamiento en todos los
aspectos del trabajo pro-vida y viajan por todo el país predicando, enseñando y
sirviendo a todo el movimiento pro-vida. Aconsejamos a los que están tentados a
abortar, sanamos a los que han abortado, educamos a los gobernantes, entrenamos
clérigos y utilizamos los medios de comunicación. Como lo establece nuestra
constitución: "la sociedad busca dar testimonio ante la Iglesia y el mundo de
la prioridad del derecho a la vida como fundamento de todos los derechos, y de
la obligación absoluta de todo individuo y comunidad de la familia humana de
respetar y proteger este derecho." (n. 4.1).
El movimiento
pro-vida es el mayor movimiento de derechos humanos de nuestro tiempo. Combinar
el activismo pro-vida con la gracia del sacerdocio constituye una fórmula
poderosa. Todos estamos llamados a hacer algo contra el aborto. Algunos son
llamados a hacer de esta tarea la vocación de su vida. Necesitamos su ayuda para
que la gente se entere de la existencia de esta comunidad especialmente aquellos
que pueden sentirse llamados a sumarse. Si Ud. o alguien que Ud. conoce está
interesado en seguir esta vocación, ¡venga a visitarnos! Visite
www.MissionariesoftheGospelofLife.org
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