La regla de oro
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“Por tanto, todo
cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos.”
(Mateo 7:12)
Esta enseñanza de
Jesús, llamada la Regla de Oro, permite evaluar con relativa facilidad la manera
como debemos tratar a los otros, especialmente a los necesitados. Jesús nos dice
que esto es válido en toda circunstancia. Eso incluye las estrategias pro-vida.
“Todo
cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédeselo también vosotros a ellos.” Se aplica cuando los otros son niños por nacer, viviendo
y creciendo en el vientre de sus madres, a punto de ser abortados. Tenemos que
hacerles a ellos lo que querríamos que otros hicieran por nosotros si
estuviéramos en la misma situación.
Una vez le pregunté
a una persona pro-aborto si hubiera preferido haber sido abortado. Su respuesta
fue, “no me hubiera dado cuenta de la diferencia.” De esa manera evitó contestar
la pregunta, que era si preferiría (ahora) haber sido abortado
(entonces); no le pregunté que hubiera sabido o dejado de saber en aquel
momento. En otras palabras, si Ud. estuviera en peligro de perder su vida
y no pudiera protegerse, ¿qué le gustaría que hicieran por Ud. los otros?
La respuesta de
cualquier persona en su sano juicio es que querría que otros lo rescataran, lo
salvaran. Según la enseñanza de Jesús tenemos que efectivamente salvar y
rescatar a los niños por nacer. “Todo cuanto queráis que os hagan los
hombres, hacédeselo también vosotros a ellos.” Sin embargo, muchos creyentes no
siguen el consejo de Jesús.
Si estuviéramos en
peligro, ¿acaso no querríamos que otros hablaran por nosotros, aún frente a la
posibilidad del ridículo, la oposición o acusaciones de fanatismo y obsesión con
un tema? La respuesta es: sí. Si estuviéramos en peligro, ¿acaso no
querríamos que los predicadores convocaran a la gente para que ayudara a
proteger nuestras vidas? La respuesta es: sí. Si estuviéramos en peligro,
¿acaso no querríamos que los funcionarios públicos y los candidatos a cargos
públicos se encargaran de salvar nuestras vidas y restaurar la protección que
nos ha sido denegada? La respuesta es: sí.
Entonces, si
seguimos las enseñanzas de Jesús, sabemos lo que tenemos que hacer. “Todo
cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédeselo también vosotros a ellos.”
Muchas personas
pro-vida pierden un montón de tiempo y sueño calculando el riesgo que deberían
tomar en sus actividades pro-vida: cuanta gente pueden ofender, cuantas
posiciones pueden perder y en cuantos problemas legales pueden verse envueltos.
Es tiempo de dejar de calcular. “Todo cuanto queráis que os hagan los
hombres, hacédeselo también vosotros a ellos.” Hágase una pregunta sencilla.
“¿Si fuera mi vida la que estuviera en peligro, cuánto riesgo querría que los
otros tomasen para salvarme?”
Algunas personas,
incluyéndome a mi mismo, estamos evaluando si debemos intervenir físicamente
para bloquear las puertas de los abortuarios con el objeto de proteger a los
bebés de los instrumentos que los matarán. Las palabras de Jesús nos dan una
respuesta que nos incomoda. “Todo cuanto queráis que os hagan los
hombres, hacédeselo también vosotros a ellos.”
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