Una niña llamada Guadalupe
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Hace poco
recibí una carta de mi joven amiga, Guadalupe. La conocí tan sólo un par de
meses después de su concepción. Su madre, Helene, estaba en la sala de espera de
un abortuario en Orlando, Florida, y Guadalupe iba a convertirse en uno de los
4000 niños que se matan diariamente en los Estados Unidos.
Era el tercer
hijo de Helene, y aunque ella no quería hacerse un aborto, su novio y sus amigos
le dijeron que no podía quedarse con el bebé. (Esto ilustra claramente cómo se
ejerce la “libertad de elección” en relación al aborto). Cuando entró en el
abortuario el 12 de noviembre de 1994, los consejeros que estaban en la acera se
acercaron, pero ella no se convenció.
Sin
embargo, ella describe lo que pasó mientras estaba en la sala de espera. “De repente, sentí que tenía que mirar por la ventana. Pensé en la oferta de
ayuda que me ofrecían los pro-vida. También vi al sacerdote parado afuera y me
puse a pensar. Finalmente me pregunté: ¿Qué estoy haciendo acá? ¡Tengo que irme!
Salí, fui adonde estaban los pro-vida y acepté su ofrecimiento de ayuda.
¡Lamenté tan sólo el hecho de haber entrado!
Helene dijo
que una vez que salió, la consejera Caroline Rouston se portó como un ángel, la
ayudó a obtener la asistencia que necesitaba. Helene y yo hablamos y le dije que
ahora se tenía que concentrar en ser una buena madre.
El 6 de agosto
de 1995, bauticé a la niña Guadalupe durante una misa dominical con la Iglesia
repleta. El Rev. Ed Martin de la organización Rescue America también estaba
presente frente al abortuario y djio: “Es importante recalcar el motivo por el
cual Helene salió del abortuario. Fue porque había alguien para ayudarla.”
Gracias a
Dios, estos “salvatajes” ocurren continuamente. Pero a menudo no recibimos
cartas de quienes han sido salvados. No obstante, Guadalupe escribió ésta para
agradecernos a todos.
Queridos P.
Frank y Priests for Life:
Quería
decirles simplemente gracias por todo lo que han hecho por mí. Gracias a que el
P. Frank y Priests for Life vinieron a Florida pudieron salvar la vida de mi
madre y la mía. Me siento muy contenta de que estuvieran allí, porque si no
hubieran estado allí probablemente hubiera sido abortada. Ahora estoy en
Poinciana viviendo bien y queria decirles: ¡Gracias! Y por eso quería agregar
que necesitamos más sacerdotes frente a cada clínica y en televisión. También
necesitamos más sacerdotes en acción, listos para salvar bebés en los
abortuarios. Levantándose para hacer algo por estas mujeres que no quieren
hacerlo pero piensan hacerlo. Hay millones de bebés que mueren abortados.
¡Tenemos que hacer algo sobre el aborto!
Cariños,
Guadalupe
Aurora Lovera
¡GRACIAS A
UD. P. FRANK Y A TODOS LOS PRO-VIDA!
También puede
verse un video de Guadalupe agradeciendo en
www.priestsforlife.org/video