Nunca más calladas
P. Frank Pavone, Priests for Life
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Las víctimas de abuso usan a
menudo la frase “Nunca mas callados” (“Silent No More”) para indicar su
respuesta a los que los han victimado. Por eso, puede sorprender a algunos en
nuestra sociedad que a medida que nuestra nación se acerca a los 36 años de las
decisiones Roe vs. Wade y Doe vs. Bolton, mujeres de costa a costa se unan bajo
el emblema “Nunca más calladas” porque han tenido abortos.
No se trata de los ilegales en
“callejones oscuros”, que es más propaganda que realidad, sino de los legales en
“clínicas” protegidas a nivel federal.
Estas mujeres no se consideran
liberadas, habilitadas o ennoblecidas por sus abortos. Más bien, dan testimonio
de haber sido esclavizadas, debilitadas y heridas. En definitiva, recibieron una
falsa promesa, que es la esencia de toda tentación. Les dijeron que este
“procedimiento” resolvería sus problemas. En cambio, les trajo más problemas de
los que se quieren imaginar, a saber, todo el rango de heridas físicas y
psicológicas que a menudo se describen con el término “síndrome post-aborto.”
¿Qué están haciendo estas
mujeres este año?
En ciudades en todos el país, se
van a reunir públicamente en manifestaciones y jornadas de oración portando
carteles que dicen: “Me arrepiento de mi aborto.” La reunión de Washington D.C.,
de hecho, será en la escalinata de la Corte Suprema, el 22 de enero, día mismo
en que el aborto fue legalizado hace 36 años.
Esta campaña está organizada por
Sacerdotes Por la Vida (Priests for Life) y Anglicans for Life.
Pero, ¿por qué hacer esto? Si el
aborto es tan doloroso, algunos preguntarán: ¿por que hacer una demostración
pública de esta experiencia?
La respuesta solo se entiende si
uno conoce cuan vergonzante y doloroso es el silencio del aborto. El dolor que
sigue al aborto es, según palabras de la Dra. Theresa Burke, un “dolor prohibido.”
No se reconoce el dolor. No se valida. La gente no envía tarjetas de pésame ni
habla abiertamente de esto. De hecho, a aquellos que sufren la muerte de un hijo
por aborto a menudo se les hace sentir tontos por estar tristes. Después de todo,
la sociedad les dice que han ejercido la elección que resolvió el problema. ¿Por
que estar doloridos por eso?
Esas preguntas, por supuesto,
revelan una ceguera absoluta al hecho que matar al propio hijo duele, y deja una
herida que mamá nunca jamás olvidará.
Estas mujeres están cansadas de
que los que abogan por la “elección” pretendan hablar por ellas. Quieren decirle
al mundo, en sus propias palabras, que lo que fácilmente se celebra como
“elección” y “derecho” es de hecho una pesada carga.
No toda mujer ha encontrado
suficiente sanación después del aborto para poder participar en estas
manifestaciones públicas o mostrar estos carteles. Pero las participantes en
“Nunca Más Calladas” ruegan que su presencia asista a sus hermanas en el camino
de la sanación, y les traiga algún alivio al saber que su no dolor no está mas
prohibido.
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