Cada ser humano es creado a imagen y semejanza de Dios. La convicción de que la vida humana es sagrada y que cada persona tiene una dignidad nata, la cual debe ser respetada por la sociedad, es el corazón de la enseñanza social de la Iglesia Católica. El llamado de ganar terreno en el área de los derechos humanos es una mera ilusión si el mismo derecho a la vida es atacado. Creemos que cada vida humana es sagrada, desde la concepción hasta la muerte natural; que la gente es más importante que las cosas materiales; y que la misión de cada institución es si mejora o no la misma vida y dignidad de cada persona humana. (U.S. Bishops: Ciudadanía Fiel – Responsabilidad Cívica para el Nuevo Milenio, 1999)

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