Celebrando el Amor de Dios






Hoy celebramos el Sagrado Corazón de Jesús.  Es la fiesta que canta al amor de Dios.   El corazón es, en la Biblia, la esencia de la persona.  La esencia de Dios, lo más resumido que podemos decir de nuestro Dios es que es Amor.  La expresión terrena más acabada de ese Amor de Nuestro Dios Trinidad es la entrega del Hijo en la Cruz, para abrirnos las puertas del Cielo.

Tradicionalmente recordamos el Corazón de Jesús traspasado por la lanza y de donde brota la Iglesia y, en ella, Jesús continúa hasta el fin del mundo la obra de la Salvación por medio de los Sacramentos.  Místicamente bebemos de su costado cada vez que participamos de la Eucaristía, efusión fresca del Espíritu Santo en la cercanía de Nuestra Madre al pie de la Cruz.

Es importante que vinculemos esta celebración litúrgica del Amor de Dios con la Adoración Reparadora Eucarística.  Y es que en la Eucaristía comulgamos y adoramos al Corazón de Jesús Sacramentado.  En el Huerto de los Olivos Jesús suda sangre al “hacerse pecado” para nuestra salvación.  El puro se hace impuro.  El fiel se hace infiel.  La verdad se hace mentira.  La luz experimenta la oscuridad.  El Amor se hace odio…  Y la expresión máxima de ese odio es la Madre que colabora en el asesinato de su propio hijo en el aborto.  Algunas de las gotas más gruesas del sudor de sangre en el Huerto  vinieron del pecado del aborto, de manera singular, el pecado de omisión de los bautizados –especialmente los sacerdotes, gobernantes y comunicadores sociales-  frente a este holocausto hasta el final de los tiempos.
Hemos dicho que es importante vincular esta celebración del Amor de Dios, del Corazón de Jesús Sacramentado, con la adoración reparadora a la Eucaristía porque, también en el Huerto de los Olivos, aquella noche, Jesús fue consolado y, además del consuelo angélico, experimentó el consuelo de todos los actos de amor de los cristianos de todos los tiempos hasta el fin del mundo.  Cada vez  que comulgamos en estado de gracia, cada vez que adoramos a Jesús Sacramentado en el Sagrario, en cada ocasión que unimos con Amor los sufrimientos de nuestra vida a la Cruz del Señor, cada vez que amamos a nuestro prójimo,  entonces también nosotros “reparamos” el desamor que Jesús sufrió y sufre en la pasión y crucifixión que acontece en cada niño abortado y sus consecuencias en el Cuerpo Místico de Cristo.

Su Santidad Benedicto XVI ha clausurado hoy este año dedicado al Sacerdocio, don que también ha brotado del Corazón de Jesús.  Elevemos nuestras oraciones para que nuestros corazones se unan místicamente al Corazón de Jesús y, como Él, aprendamos a entregarnos con Amor a Él y, en ÉL, a nuestros hermanos los hombres de manera especial al “extremo de los más pobres entre los pobres”: los bebés por nacer.

Qué Dios los bendiga abundantemente!!!

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