Cristo nos une






Imagínese a una persona, que al recibir la Comunión, y al aceptar la Hostia cuando el padre dice, “El Cuerpo de Cristo,” “Amen,” parte un pedazo y se lo devuelve al sacerdote diciendo, “¡Excepto esta parte Padre!” Esto es lo que hace la persona que rechaza a otros. Al recibir a Cristo, debemos de recibir al Cristo total, a todos sus miembros, nuestros hermanos y hermanas, ya sea conveniente o no, deseado o no deseado, nacido o no nacido.
San Juan recalca, Cristo murió “para reunir a todos los hijos de Dios dispersos.” El pecado dispersa. Cristo une. La palabra “diabólico” significa “dividir.” Cristo vino “para destruir las obras del mal” (1Juan 3, 8). La Eucaristía edifica a la familia humana en Cristo quien dice, “Vengan a mi, aliméntense de Mi Cuerpo, transfórmense en Mi Cuerpo.” El aborto, como dinámica contraria, dice, “¡Vete! No tenemos lugar para ti, ni tiempo para ti, no te deseamos, no somos responsables por ti. ¡Quítate de nuestro camino!” El aborto ataca la unidad de la familia humana dividiendo la relación más fundamental entre dos personas: madre e hijo. La Eucaristía, como Sacramento de Unidad, invierte la dinámica del aborto.

P. Frank Pavone

Director Nacional, Sacerdotes Por la Vida

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