Críticas políticas de entre casa






 

Hace poco me preguntaron que tipo de críticas recibimos desde dentro del movimiento pro-vida en relación a las actividades políticas del movimiento pro-vida. Recibimos críticas habituales que, vale la pena destacarlo, toman dos formas contradictorias.

Por un lado, muchas personas pro-vida dicen que nuestro movimiento no es lo suficientemente agresivo o fuerte políticamente. Se quejan porque no ponemos estándares lo suficientemente elevados para determinar si un candidato es pro-vida, no los presionamos si son electos y no les inspiramos miedo a que podamos castigarlos políticamente.

En particular, muchas personas pro-vida están hartas de lo que perciben como cobardía y silencio de los obispos, ni que hablar de los mensajes contradictorios que envían. La debilidad concreta consiste aquí en la falta de voluntad para desarrollar actividades que, según el IRS, pueden llevar a cabo las iglesias aún manteniendo su clasificación 501 (c) (3), como por ejemplo, campañas de registro de votantes y guías para votantes que no apoyan ni se oponen directa o indirectamente a un candidato, partido o sus posiciones. A menudo esta inactividad va acompañada de descripciones extravagantes, exageradas e inexactas de los requisitos que imponen las directivas del IRS y quienes presentan esas descripciones no tienen experiencia en ese aspecto de la Ley.

Otra crítica que recibimos de muchas personas pro-vida es que el movimiento pro-vida es demasiado político, partidista, muy identificado con el partido Republicano. La verdadera debilidad en este caso es una falta de comprensión sobre lo que significa ser apartidario. No significa que tenemos que evitar cualquier actividad que en los hechos ayude a un candidato o partido. Lo que significa, en cambio, es que perseguimos los fines para los cuales nuestra Iglesia o nuestra organización 501 (c) (3) fue fundada sin importar si ayudan o perjudican a un candidato o partido en particular.

Por lo tanto, irónicamente la misma queja según la cual una actividad ayuda a un candidato es en el fondo más partidista que la actividad contra la cual se levanta la queja, simplemente porque demuestra mayor preocupación por ayudar o perjudicar a un candidato. Por ejemplo, los obispos enseñan que la vida es un derecho fundamental, y que la preocupación por este derecho tiene más importancia en nuestras decisiones electorales que cualquier otra cuestión. Ahora bien, esa enseñanza ayuda a los candidatos y partidos pro-vida y perjudica a los candidatos y partidos pro-aborto. Pero ser apartidario no significa quedarse callado. Significa que hablamos sin importarnos lo demás. Más aún, significa que si mañana un candidato o partido cambian sus posiciones sobre el aborto, nuestro mensaje no cambiaría ni siquiera en una palabra.

Se acerca una nueva temporada política. En lo que a mi respecta, voy a ser más agresivo que nunca. En cuanto a quienes califican como “pro-vida” prefiero hablar (y escuchar) en términos descriptivos en vez de evaluativos: ¿qué está dispuesto a hacer el candidato para proteger a los bebés? No me den etiquetas, denme compromisos específicos.

Y en lo que hace al partidismo, no pertenezco a ningún partido mayoritario y continuaré desafiando a ambos a proteger a los no nacidos.

P. Frank Pavone
Director Nacional, Sacerdotes Por La Vida

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