Deshacer la obra del Diablo






 

Afirmar que sólo Cristo en y a través de su Iglesia puede, en última instancia, acabar con el aborto no es una vanalidad piadosa, ni tampoco es una forma elegante de decir “Jesús, ayúdanos a pelear contra el aborto.” Tampoco es una manera elitista de excluir de la causa de la vida a quienes tienen diferentes creencias religiosas.

Es, en cambio, una manera de decir algo sobre la naturaleza misma de Cristo y su Iglesia y sobre las razones por las cuales el aborto y la anticoncepción, que son frutos del mismo árbol, continúan.

Hay muchas maneras de expresar el propósito de la misión de Cristo en el mundo. San Juan en su primera carta la resume diciendo: “Para esto se manifestó el Hijo de Dios: para destruir las obras del diablo” (1 Juan 3:8). ¿Cuáles son las “obras del diablo” que Cristo destruye? El mismo Cristo nos dice que el diablo es “homicida desde el principio, y no se mantuvo en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla la mentira, de lo suyo habla, porque es mentiroso y el padre de la mentira.” (Juan 8:44). En una misma oración Nuestro Señor llama al diablo mentiroso y asesino. La mentira y el asesinato van siempre juntos.

La única forma en que el aborto puede continuar a esta escala horrible es recubierto de mentiras, endulzado con negaciones y distorsiones de la verdad. Entre las mentiras que han mantenido al aborto se encuentra la idea que el niño por nacer no es en realidad un bebé, que el aborto es bueno para las mujeres y que se puede negar la protección a los no nacidos pero conservarla para nosotros mismos.

Cristo ha venido a destruir las obras del diablo. “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Juan 14:6). El es el Camino a la salvación precisamente porque El es la Verdad que destruye las mentiras del diablo, y porque es la Vida, que deshace la obra de muerte del diablo.

Cuando tomamos una postura pro-vida, luchamos contra el diablo, quiérase o no. Aunque su reino ha sido derrotado y su poder es limitado todavía “como un león rugiente, ronda buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8). El diablo tratará de desalentarnos y distraernos. Su estrategia favorita con la gente buena no es tentarlos para que hagan cosas malas, sino tentarlos a hacer cosas buenas, que aunque son buenas, nos distraen de las cosas necesarias.

Cuando luchamos contra el diablo, no debemos nunca enfrentarlo directamente. Eso hay que dejárselo a Jesús. Hay que rezar para que el Señor rechace al diablo. Hay que estar inmerso en la Palabra de Dios, porque es “la espada del Espíritu” (Ef. 6:17)

Hay que estar cerca de la Madre de Dios. Porque ella ha dado a luz a Cristo y no hay nadie aparte de Cristo que el diablo odie más. Precisamente por su íntima unión con Jesús, tenemos que estar cerca de ella, especialmente a través del rosario. Hay que refugiarse en los sacramentos especialmente la Penitencia y la Eucaristía, porque allí encontramos al único Salvador, Jesucristo.

P. Frank Pavone

Director Nacional, Sacerdotes Por la Vida

Leave a Comment

*