Domingo de Ramos






Así habló Jesús, y alzando los ojos al cielo, dijo: Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti. Jn 17,1

Con los ramos en la antigüedad se trenzaban unas coronas con las cuales se premiaba a los atletas que ganaban las competencias.  Son un símbolo de la alegría de la Victoria de Jesús en la Cruz.

La Pasión y Muerte de Nuestro Señor en la Cruz es un motivo de Esperanza y Alegría porque ahí Jesús vence al maligno en la última batalla.   Con su Victoria nos abrió la puerta al Cielo.   Jesús es Glorificado por el Padre en su Ofrenda de Amor en la Cruz.  Ese Amor es el mismo Amor que obrará la Resurrección y  la  Ascensión y el envío del Espíritu Santo a la Iglesia.  Dios es Amor.

Y,  si somos sus discípulos, no nos puede sorprender que debamos caminar también, como Él y con Él, hacia  el Calvario.  Al Padre Pio de Pietrelcina le gustaba decir “Estar en el calvario de los santos”.  Ahí debemos encontrarnos todos los discípulos del Señor cada uno cargando y también clavados místicamente con Jesús en nuestras propias cruces.

Para aquellos a los cuales Dios nos ha llamado a ser la Voz de los bebés no nacidos, estamos llamados a cargar la pesada cruz del dolor y la impotencia por los miles de bebés que son abortados todos los días. Sufrir el dolor de la pasividad de muchos bautizados en la Iglesia, a todo nivel,  sobre la realidad del aborto.  Esos sufrimientos más todos los sufrimientos venidos desde: los defectos propios de carácter y de quienes nos rodean, las consecuencias de los pecados propios y ajenos, las injusticias, las incomprensiones, los malos entendidos, las malas interpretaciones, las enfermedades propias y ajenas, las críticas infundadas, el pecado en la Iglesia, los sufrimientos por y de la Iglesia, los pecados estructurales en la sociedad, … etc.  Todo ello, unido en la Cruz del Señor y ofrendado místicamente en la Eucaristía, puede salvar muchas vidas de bebés de la muerte.  Eso no significa, no me vayan a malinterpretar,  que nos rindamos y dejemos de trabajar con pasión predicando el Evangelio de la Vida y denunciando la mentira de la cultura de la muerte, sino que es un llamado a unir nuestros dolores y sufrimientos a la Cruz del Señor y  a hacer una alianza con nuestros hermanos ancianos y enfermos en la Construcción de la Cultura de la Vida.  La Madre Teresa comprendió muy bien esa idea y sintió la inspiración para fundar  a los colaboradores enfermos que son el apoyo del trabajo externo de las Misioneras de la Caridad.

También, como Jesús, seremos fortalecidos en el camino al Calvario y al estar clavados en nuestras cruces por nuestra Madre Santísima, quien siempre estará a nuestro lado.

P Víctor Salomón

Director de Apostolado Hispano

Sacerdotes por la Vida

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