El Amor de los Amores






(Nota sobre la foto.  Esta es la foto de un Antimis que se usa en las Eucaristías  celebradas por nuestros hermanos ortodoxos y en las Iglesias Católicas con rito oriental.  Suelen venir firmados por el Patriarca y tienen una pequeña bolsita con reliquias de mártires.  Son muy hermosos y se usan para realizar la consagración sobre ellos. Recuerda al celebrante el sacrificio de la Nueva Alianza que está celebrando)

Hoy celebramos la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre del Señor.   Provoca solamente quedarse en silencio  frente a Jesús Sacramentado y contemplar este Misterio de Nuestro Dios Amor hecho un pedazo de pan y un poco de vino.

Hablar sobre la Eucaristía es hablar del Amor de Dios.  La Eucaristía es entrega, es memorial del acto máximo del Amor: el  sacrificio de Jesús en la Cruz para abrirnos las puertas del Cielo en la Resurrección.

Cuando celebro la Eucaristía, en el momento de la consagración al tener en mis manos al Amor de los Amores hecho un pedazo de pan, me recuerda el lavatorio de los pies, ese acto “Eucarístico” del estilo de cómo quiere Jesús que nos tratemos los unos a los otros, siendo “esclavos en el Amor”.  Ver ese pequeño pedazo de pan entre mis manos me hace pensar en la humildad de Jesús.  Siempre es un recordatorio para nuestro ego, el mío el primero, que estamos llamados a ser humildes servidores y que quien obra por nuestro medio es Jesús.

La Eucaristía es sanación para nuestras enfermedades, especialmente para las de nuestro espíritu.

La Eucaristía nos permite detectar las trampas del diablo que suele poner en nuestro camino.

La Eucaristía nos fortalece en la peregrinación que siempre está llena de pruebas.

La Eucaristía es el mejor “ansiolítico”:    “Vengan a mí todos los que están fatigados y sobrecargados, y yo les daré descanso”  Mt 11, 28

La Eucaristía hace crecer la presencia de Jesús en nuestra vida.  Y esto muchas veces no lo “sentimos”, aunque en ocasiones Dios pueda permitir algunos “dardos de amor” en el centro de nuestro corazón como un “caramelo espiritual” para animarnos en nuestra pruebas actuales o futuras.  Lo importante, lo repetimos, no es sentir esa transformación que está obrando cuando comulgamos o cuando lo visitamos en Adoración en el Sagrario, sino estar convencidos por la fe que el Señor está obrando en y desde nosotros.

Les hago y me la hago, yo el primero, algunas preguntas.

  1. ¿Participamos con atención y amor en la Eucaristía como si fuera nuestra primera y última celebración? ¿Recibimos el sacramente de la Reconciliación al menos una vez por mes para estar mejor preparados para recibir a Jesús en nuestros corazones?
  2. ¿Cuántas veces a la Semana visitamos a Jesús en el Sagrario? ¿Por cuánto tiempo?

Para terminar quiero transcribirles una meditación de mi hermano sacerdote, el P Frank Pavone titulada “Este es mi cuerpo”

“¿Te has dado cuenta de que las mismas cuatro palabras que fueron usadas por el Señor Jesús para salvar al mundo son también usadas por algunos para promover el aborto? “Este es mi Cuerpo”. Las mismas palabras sencillas son recitadas desde extremos opuestos del universo son significados completamente contrarios el uno del otro.

Las Escrituras nos dicen que la noche antes de que El muriera para salvar a todos, el Señor Jesús tomó pan en sus manos, lo bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo “Este es mi cuerpo, que daré por ustedes”. Se refería a lo que iba a ocurrir al día siguiente, cuando El ofrecería aquel mismo Cuerpo en la cruz. El se sacrifica para que nosotros podamos vivir. El ofrece su Cuerpo para lograr destruir el poder del pecado y de la muerte. Como resultado, El nos recibe en su Vida, en su Reino. Nos hace miembros de su Cuerpo.

Por otro lado, las que apoyan el aborto dicen, ¡”Este es mi cuerpo, así que no interfieran con él! Es mío, así que puedo hacer con él lo que quiera, aún llegar a matar la vida dentro de él. Todo es secundario al dominio mío sobre mi cuerpo”. En efecto, una partidaria del aborto publicó (Michelle Goldberg, Rant for Choice, en un periódico estudiantil de la Universidad de Buffalo, 1995), “Yo digo (a los pro vida) que su Dios no vale nada comparado con mi cuerpo”.

“Este es mi Cuerpo”. Las mismas palabras, con diferentes resultados. Cristo da su Cuerpo para que otros vivan; las partidarias del aborto se aferran a sus cuerpos y otros mueren. Al dar su Cuerpo Cristo nos enseña el significado del amor: Yo me sacrifico por el bien de la otra persona. El aborto enseña lo opuesto al amor: Yo sacrifico a la otra persona para mi propio bien!

Este es mi Cuerpo”. Si, como tal, nuestro cuerpo fuera nuestro, entonces hagamos la próxima pregunta: ¿Por qué? La respuesta es para que podamos ofrecer nuestros cuerpos, nuestras vidas, a nosotros mismos, amándonos unos a otros y a Dios. Cristo dice, “Hagan esto en memoria mía”. Nos llama a hacer lo que El hizo y así precisamente es como invertimos la dinámica del aborto. Mamá y papá deben decir a su hijo “Este es mi cuerpo, mi vida, ofrecida  a ti”, en lugar de decirle, “este es mi cuerpo, mi vida, así que yo puedo deshacerme de ti”.

Nunca se encontrará la felicidad humana ni la realización total eliminando a otros del camino. Ambas se encuentran cuando nosotros mismos nos hacemos a un lado.

El Papa Juan Pablo II dice en la encíclica Evangelium Vitae #51:

El, quien vino “no a ser servido sino a servir y a entregar su vida por nosotros” (Mc 10:45), alcanza en la cruz la plenitud de amor: “Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos”(Jn 15;13). El murió por nosotros siendo nosotros pecadores. (cf Rm 5;8).

De esta manera, Jesús proclama que la vida encuentra su centro, su significado y su plenitud cuando se entrega por otros.

He ahí que nuestra meditación se convierte en una oración de adoración y acción de gracias, y al mismo tiempo nos anima a imitar a Cristo y a seguir tras sus pasos. (cf. 1Pe 2;21).

También nosotros hemos sido llamados para entregar nuestras vidas por nuestros hermanos y hermanas, y por ende, encontrar en su plenitud el significado y destino de nuestra existencia.

“Este es mi Cuerpo”. No es casualidad que las mismas palabras se usen para unos propósitos tan diferentes. En esto anida en conflicto espiritual. Todos alcanzaremos la victoria, en nuestras propias vidas y en el mundo, al cumplir con estas palabras en amorosa auto-entrega.”

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