El aborto y la guerra






Esta columna requiere un esfuerzo especial para explicar de lo que no se trata. No es una evaluación de la guerra en Irak ni de ningún líder nacional.

Sí es una observación a nivel de principios morales sobre la relación entre el aborto, la guerra y el ser pro-vida. Y aún en estas cuestiones, me limito a puntos sencillos y específicos y no hago un análisis exhaustivo.

En su histórico discurso ante las Naciones Unidas en 1965, el Papa Pablo VI exclamó: “¡Nunca más la guerra, nunca más la guerra!” El mundo necesita hacer caso a estas palabras. No significan simplemente, “¡No peleen!” Significan que tenemos que asegurar de tal manera la justicia y los derechos humanos que la necesidad de pelear desaparezca.

Muchos se preguntan si es posible ser un buen católico, pro-vida y apoyar la guerra. La respuesta es sí, lo que quiere decir que las enseñanzas católicas y pro-vida contemplan circunstancias en que esta es justificada, porque a veces tiene que hacerse la guerra precisamente en defensa de la vida.

Aún cuando la guerra sea justificada, en su desarrollo siempre se pierden vidas. Pero la vida inocente nunca es el blanco, y allí radica toda la diferencia. ¿Cuántas vidas inocentes, cuántos niños, han sido deliberadamente señalados para la destrucción en la guerra actual?

En comparación, cada aborto, apunta deliberadamente a un niño y lo destruye; de lo contrario no sería un aborto.

El propósito de la guerra no es matar al enemigo, sino privarlo de su capacidad de hacer la guerra para destruir los derechos de otros. Hay una gran diferencia entre apuntar a objetivos militares y equipos de comunicación para obstaculizar las operaciones del enemigo y simplemente tratar de matar la mayor cantidad posible de gente.

Sin duda, algunos leerán esta columna y comenzarán a discutir conmigo acerca de la guerra en Irak y si es justificada o no. Esta columna no desea discutir con ellos, sino precisamente señalar que es legítimo que lleguen a esa conclusión. También es legítimo que otros concluyan que la guerra es justificada.

Lo que no está bien es que alguien diga: “Ud. no es pro-vida porque apoya la guerra.” De hecho, uno puede apoyar la guerra precisamente porque es pro-vida y llega a la conclusión que en este caso, la fuerza es el único camino para proteger la vida humana, los derechos humanos y la libertad frente a aquellos que quieren destruirlos. Otros podrán estar en desacuerdo, y está bien, siempre que no nieguen a otras personas el derecho a llegar a una conclusión diferente.

No deje de ver la profunda diferencia que hay con el aborto. No hay lugar para interpretaciones o evaluaciones acerca de la justificación del aborto. Nunca puede haberlas, porque su misma esencia se dirige hacia la destrucción deliberada de un niño. En la guerra, ningún niño se considera un objetivo, mientras que todo aborto apunta a un niño. La enseñanza católica contempla más de una posición en la guerra, pero sólo admite una posición sobre el aborto.

P. Frank Pavone

Director Nacional

Sacerdotes Por la Vida

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