El ejemplo de María






 

La oración nos ayuda a crecer en la virtud de la caridad, un aspecto de la caridad es que nos preocupamos verdaderamente en como vive la gente. Tratamos de mejorarles sus vidas. Solo orar no es suficiente.

Esta verdad se hace clara al ver la vida de la mujer que ha tenido la mayor intimidad con Dios y una vida profunda de oración, la Virgen María.

En la Anunciación, el Arcángel Gabriel le dijo a Maria que seria la Madre de Dios (Lu. 1:26-28) María, recibió el mensaje de Gabriel con asombro. Sin embargo el Ángel también le dijo que su prima Isabel estaba embarazada. A pesar del llamado tan alto que se le acababa de dar, ella no perdió de vista la necesidad de su prima Isabel.

Hizo un viaje tan arduo por la zona montañosa de Jerusalén para ir a atender por tres meses a Isabel. María se mantuvo en contacto con ambas realidades, la celestial y la terrenal.

La verdad de su nueva posición no la distrajo de las necesidades de Isabel. María respondió a esas necesidades de manera práctica. Ella resistió todo tipo de tentación de sentirse absorta en sí misma o en sus experiencias religiosas.

La vemos dar el mismo ejemplo en Caná. La celebración en la compañía de Cristo y los Apóstoles no la cegó de ver las necesidades de los recién casados. El vino se había terminado, y Ella respondió.

En la psiquiatría existe un axioma que se llama “comportamiento de creencia”. Si creemos que el mundo necesita ser cambiado, y eso es lo que Dios nos manda hacer, entonces convertimos esa convicción en acción.

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