Hoy celebramos el Domingo del Buen Pastor.






Los gestos del Buen Pastor.

El principal de sus gestos de Buen Pastor fue y es hacerse Él mismo alimento para sus ovejas.  Decidió dejarse “triturar” por nuestros pecados, como se tritura el trigo para hacer el pan;  Él se dejó “triturar” para hacerse Eucaristía por nosotros.  Y, de esta manera ya nunca estaremos solos hasta el fin del mundo, porque Él vive en nuestros corazones. Gracias Jesús por el don de los dones: Tú mismo en la Eucaristía.

Ese Buen Pastor está muy cerca y nos habla a diario por su Evangelio.  Qué dulces al paladar del Corazón son sus palabras de instrucción, corrección, animación y consuelo.  Solamente tenemos que escucharlo en la meditación de su Palabra, hoy en día servida de maneras prácticas gracias a la tecnología del internet. Podemos recibir el evangelio de la liturgia del día y hasta, en muchas ocasiones, con una meditación que nos hace más fácil la oración.

Pero además este Buen Pastor, así como los pastores de los campos en Israel vivían con sus rebaños y  eso hacía posible que pudieran reconocer a cada una de sus ovejas, así Jesús también está cerca de nosotros y,  como a los discípulos de Emaús nos sale al encuentro especialmente cuando estamos tristes y abatidos por las pruebas de la vida, para recordarnos que la Cruz no lleva a la Vida en la Resurrección que se inaugura en el hoy de la historia.

Los pastores usaban un cayado con el cual, durante las noches más oscuras, golpeaban las piedras del camino para guiar al rebaño con su sonido.  Jesús también se ha quedado el ministerio del Papa y de los obispos en comunión con él, para que nos orienten como “faros” durante la noche en las cuales se cierne en ocasiones la historia.

Jesús también se quedó en nosotros, los sacerdotes, para ser esos buenos samaritanos, de manera especial, de quienes están con mayor necesidad.  Pidamos a Dios Padre, especialmente este año dedicado al sacerdocio que ya se acerca a su culminación, para que seamos Buenos Pastores en el Buen Pastor.  Que nos regale tener el mismo corazón de su Hijo Jesús, lleno de Misericordia y Caridad especialmente hacia los más pobres, entre quienes destacan los bebés por nacer y los poseídos por el demonio.  Ambos casos, lamentablemente, muchas veces tratados con indiferencia e incomprensión.

Jesús sana hoy a sus ovejas heridas por medio de los Sacramentos de la Reconciliación y la Unción de los Enfermos.  Cuántas sanaciones obra el Buen Pastor en los confesionarios, en las camas de hospitales y de tantos hogares en el mundo por medio de los sacerdotes.  Claro que esto no es noticia porque más “ruido hace un árbol al caer que un bosque creciendo”, digo esto por los últimos escándalos de hermanos sacerdotes puestos bajo la lupa de algunos medios de comunicación social.

Quiero finalizar pidiendo a la Nuestra Madre María, Patrona de todos los Consagrados, para que interceda ante el Hijo para que tengamos abiertos los ojos y los oídos del corazón frente a las necesidades de los hombres, nuestros hermanos.

Qué Dios los bendiga!!!

P Víctor Salomón
Director de Apostolado Hispano

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