LA CULMINACIÓN DE UN AÑO SACERDOTAL JUBILAR






Como ya hemos hecho en otras oportunidades quiero compartir con ustedes un escrito de un obispo amigo venezolano: Mons Luis Tineo, Obispo Auxiliar de Caracas.

El viernes 11 del presente mes, solemnidad litúrgica de Sagrado Corazón de Jesús, llegó a su culminación el Año Sacerdotal. Promulgado por Benedicto XVI, este jubileo comenzó al conmemorarse  los 150 años del tránsito de San Juan Bautista María Vianney, el Santo Cura de Ars, Patrono de los Párrocos.

Llama la atención la circunstancia de que este jubileo haya transcurrido en medio de un selectivo y reiterado ataque al sacerdocio católico, al Papa y a la Iglesia Católica, por parte de un pequeño pero muy influyente grupo de medios de comunicación de los EE.UU. y de algunos países de Europa Occidental.   Un ataque convertido en verdadera campaña internacional al ser reproducido casi en cadena, de manera poco profesional, nada objetiva y mucho menos ética, por agencias de prensa y todo tipo de medios.

En este sentido, se ha podido verificar que los contados casos –ciertamente graves y totalmente inaceptables-  de abuso de menores cometidos por algunos miembros del clero en Norteamérica y en algunos países de Europa, en un arco de tiempo de alrededor de 50 años, se han juntado y se han publicitado con una reiteración pocas veces vista en la historia del periodismo en casos de esa naturaleza.

Ciertamente que la imagen y la confianza en los miembros del clero, particularmente en lugares como Irlanda y en algunas zonas de los EE.UU. ha sido gravemente lesionada. Ha sido evidente y tenaz el propósito de crear una matriz de opinión pública desfavorable no sólo contra los culpables de tan graves hechos, sino contra todo el clero católico como colectividad, como Institución religiosa y social.  A cualquier lector objetivo debe sorprender que tal campaña no se extienda  con la misma intensidad y reiteración sistemática a  otros colectivos donde el problema tiene mayores dimensiones estadísticas comprobadas. Pareciera que más que el dolor por las víctimas, que el deseo de hacer justicia y de evitar en el futuro tales hechos,  privara más bien el deseo de destruir a la Institución eclesiástica y neutralizar de esta manera cualquier intervención presente y futura de la Iglesia en temas de moral personal y social.

No es casualidad que las fuentes de donde provienen tales ataques contra los sacerdotes y contra el sacerdocio católico, contra la Iglesia y contra la figura universal del Papa promuevan al mismo tiempo y por los mismos Medios de comunicación el relativismo moral, la industria perversa de la prostitución y de la pornografía infantil, del aborto provocado aún en menores de edad, el ataque sistemático a la institución familiar fundada en el matrimonio estable entre un hombre y una mujer a favor de legalizar como familia las uniones de personas del mismo sexo con derecho a adoptar menores. Más aún,  no han faltado grupos sociales influyentes en países como Holanda, que al mismo tiempo que atacan a la Iglesia Católica por los contados y dolorosos casos de abuso de menores, han pedido públicamente la legalización de la pederastia!

La campaña a la cual nos referimos aún se encuentra en pleno desarrollo. Ha sido precedida y en ocasiones acompañada por otra “campaña” repetitiva de películas y supuestos hallazgos de documentos (¿?)  promocionados una y otra vez, encaminados a poner en duda o a negar explícitamente verdades fundamentales de nuestra fe cristiana como la veracidad de los Evangelios, la identidad de Nuestro Señor Jesucristo y los orígenes apostólicos de la Iglesia.

En estas campañas, la simultaneidad y coincidencia de Medios no es casualidad. Esta constatación no pretende ni de lejos querer disminuir la gravedad de los  casos de abuso de menores por parte de algunos clérigos. El número de estos casos, aunque sea mucho menor que lo publicitado o insinuado, no disminuye para nada su gravedad individual, el daño causado a las víctimas y el daño causado a toda la Iglesia en su conjunto. La dolorosa experiencia sufrida ha desencadenado en las entrañas de la Madre Iglesia un nuevo impulso de purificación, de compresión, de petición de perdón y de reparación frente a las víctimas  y de decidida voluntad de prevención de hechos de esa naturaleza, con la ayuda de Dios.

Pero la verificación serena y objetiva del tamaño real del problema nos previene de caer en la trampa de asumir una irreal culpabilidad colectiva y de no percibir la hermosa  y evidente verdad de la entrega generosa y fiel de centenares de miles de sacerdotes, de religiosos y de religiosas que en el mundo entero están al servicio de los niños, de los jóvenes y de todo tipo de personas, aún sin importarles sus creencias. De esto hay millones de testigos.  Esa sí es una verdad más grande y esperanzadora.

Las muestras de renovado celo apostólico, de fidelidad a sus votos y de solidaridad con el Santo Padre frente a los injustos ataques a su persona, provenientes de sacerdotes de todo el mundo,  y las expresiones de solidaridad del laicado dentro de la Iglesia y sorprendentemente de sectores religiosos y laicos no católicos, van demostrando en el tiempo la inconsistencia y mala fe de las campañas referidas y la solidez del compromiso de la inmensa mayoría de los sacerdotes católicos en todo el mundo. El jubileo del Año Sacerdotal ha sido una feliz coincidencia en este sentido.

Mons Luis Tineo, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Caracas

Editorial ed. 249 de Iglesia Ahora

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