LA IGLESIA ANTE AL ABUSO DE MENORES POR PARTE DE ALGUNOS CLÉRIGOS






Ya les presenté a este obispo amigo venezolano que escribe un excelente  artículo sobre el caso de la pedofilia entre algunos sacerdotes.  Es muy esclarecedor y recomiendo compartirlo con sus contactos.

La evidente focalización mediática en Europa occidental y en Norteamérica de los contados pero muy graves y lamentables casos de abuso de menores cometidos por algunos miembros del clero en esos continentes, suscita la razonable interrogante acerca de la posición de las autoridades de la Iglesia, a todos sus niveles, frente a tales situaciones.

El ciudadano común, generalmente poco conocedor de la vida y labor de la Iglesia católica en su conjunto, se encuentran en presencia de una reiteración inusual y poco profesional de noticias y de fuertes críticas, no sólo contra el grupo de los que cometieron tan graves delitos, sino ahora contra la Iglesia como Comunidad religiosa y contra sus Sacerdotes, Obispos y hasta contra el Santo Padre.

Es de notar que entre los años 2001 al 2010, es decir, durante los últimos nueve años, a las autoridades de la Iglesia le han llegado unas 3000 denuncias de todo el mundo, de delitos cometidos por clérigos durante los últimos cincuenta años (!). En ese conjunto de denuncias, los casos comprobados de abuso de menores incriminan sólo a trescientos clérigos. Es decir, el diez por ciento   -10% -  de los tres mil casos denunciados e investigados -nótese bien-  frente a un universo estadístico de más de cuatrocientos mil sacerdotes, lo cual viene a ser en realidad un 0.75% del clero a nivel mundial, sin perder de vista que más de la mitad de todos estos lamentables casos se sitúan en un solo continente, en Norteamérica.

Evidentemente que nunca se podrá justificar ni un solo caso de tan abominables delitos y pecados. Su gravedad individual no disminuye sea cual sea su número. Pero es necesario conocer el “tamaño estadístico” del grupo que ha cometido estos delitos, no para disminuir la gravedad de los hechos, sino para evitar ser víctimas de una perversa generalización de ellos hacia todo un colectivo a nivel mundial, hacia todos los miembros del clero. Está a la vista el propósito de algunos de mostrar a la Iglesia, en su conjunto, como una Institución peligrosa para los menores y lograr descalificarla como instancia ética a nivel mundial.

Entrando ya en el fondo del problema, es necesario, en primer lugar, reafirmar la condena sin reservas de estos gravísimos delitos que repugnan a la conciencia de cualquier persona.

Pero el hecho se agrava si además estos delitos son cometidos por personas consagradas, que desempeñan una función pastoral en la Iglesia, personas en las que la misma Iglesia, -tanto sus pastores como los fieles laicos y particularmente los niños y sus representantes-  han puesto una confianza especial. Por ello el escándalo es todavía más grave y execrable.

En este caso, la Iglesia no puede tolerar ninguna incertidumbre acerca de su rechazo y condena a este delito y acerca del sometimiento del ministro denunciado a la justicia canónica y civil cuando conste que ha cometido tal infamia.  Además de atender a la necesaria ayuda espiritual y psicológica y de la justa compensación para las víctimas.

En la Carta Pastoral a los católicos de Irlanda del 19 de marzo de este año 2010, en el párrafo n.7  el Santo Padre Benedicto XVI se dirige a los sacerdotes y religiosos que han abusado de niños en estos términos:

“ Habéis traicionado la confianza depositada en vosotros por jóvenes inocentes y por sus padres. Debéis responder de ello ante Dios todopoderoso y ante los tribunales debidamente constituidos. Habéis perdido la estima de la gente de Irlanda y arrojado vergüenza y deshonor sobre vuestros hermanos sacerdotes o religiosos. Los que sois sacerdotes habéis violado la santidad del sacramento del Orden, en el que Cristo mismo se hace presente en nosotros y en nuestras acciones. Además del inmenso daño causado a las víctimas, se ha hecho un daño enorme a la Iglesia y a la percepción del sacerdocio y de la vida religiosa”

Por otra parte, se trata de un grave problema que no es exclusivo de la Iglesia. La mayoría estadística de los casos  de abusos de menores en nuestra sociedad actual son cometidos por laicos adultos no célibes, muchos de ellos casados, y con cierta frecuencia  pertenecientes o cercanos al entorno familiar de las víctimas. (particularmente  por padres, padrastos, hermanos mayores, primos, amigos de la familia, vecinos, docentes etc.). Este dato no justifica ni atenúa en nada la gravedad del delito por parte de los clérigos incursos en él.

Es de notar que muchos de los casos que se han sacado a la luz pública por los medios son casos de hace muchos años, cuyos autores o ya están muertos o tienen una edad avanzada. A esto se une que la respuesta de la Iglesia no contaba en el pasado con los datos que aporta la ciencia en el siglo XXI, especialmente de la psicología actual. Así, por ejemplo, no estaba clara la irreversibilidad de estas tendencias en determinado tipo de personas y que tales tendencias no están asociadas ni con el celibato ni con el matrimonio. Son patologías individuales  generadas por otras causas.

Por este motivo, la manera en que las autoridades de la Iglesia afrontaron estos casos en el pasado no obedecía a unos criterios uniformes. Si bien es cierto que en el ámbito de los principios la condena a este tipo de delitos siempre ha sido firme e inequívoca, también ha sido cierto que en la praxis algunos Obispos y Superiores religiosos pensaban que con ciertos tratamientos psicológicos, sanciones disciplinarias y cambios de ambiente estas tendencias se podían superar definitivamente y así obtener la rehabilitación definitiva.  Además, en algunos casos, se cedió a la tentación de evitar a toda costa el escándalo público. Los resultados obtenidos y los aportes de las ciencias de la conducta humana han proporcionado actualmente una visión más completa y compleja de estos casos y demandan medidas más radicales tanto para la prevención como para el tratamiento institucional de los sujetos incursos en abusos de menores y casos relacionados.

En este sentido, después de la promulgación del vigente Código de Derecho Canónico  y particularmente del motu propio sobre “delicta graviora” de Juan Pablo II en el 2001, se redefinió la competencia exclusiva de la Congregación para la Doctrina de la fe en los casos de abusos de menores. Desde ese momento, el entonces Cardenal Ratzinger, hoy Papa Benedicto XVI, demostró sabiduría y firmeza en el tratamiento de todos los casos presentados. Más aún, dio prueba de un gran valor al afrontar algunos casos muy difíciles  sin tratamientos especiales para ninguno, cualquiera que fuese su jerarquía en la Iglesia. Por este motivo, cuando algunos medios tratan de acusar ahora al Santo Padre de encubrimiento se está cayendo en una gran falsedad y calumnia contra él.

En nuestro medio, a Dios gracias, no se han presentado denuncias fundamentadas contra clérigos por abuso de menores, es decir por casos de pederastia. Con realismo humano y con humildad cristiana no podríamos negar de antemano la posibilidad de que en algún momento aparezca algún hecho lamentable, pero aislado, de esta naturaleza. Rogamos al Señor que no suceda. Sería siempre un hecho grave y doloroso, tanto para las víctimas como para toda la Iglesia, igual que lo son los casos aludidos en otros países. Nos duelen hondamente porque aunque no sean muchos numéricamente, hieren profundamente a toda la Iglesia.

Pero en este Año Sacerdotal, no sería justo dejar de rendir un gran homenaje de reconocimiento y de gratitud a los miles de sacerdotes diocesanos y religiosos que en todo el mundo, diariamente dedican sus vidas a servir y enseñar  a millones de niños y jóvenes que están bajo sus cuidados, por amor a Dios y fidelidad a su vocación, como educadores, consejeros, orientadores espirituales, amigos y modelos de vida humana y cristiana. Muchos tenemos una deuda eterna de gratitud para tantos de ellos que como verdaderos Padres, nos dieron a conocer y nos acercaron a Jesús y su Evangelio, nos enseñaron con su palabra y su buen ejemplo  a vivir como hijos de Dios, como discípulos de Jesús y con María Santísima y nuestros hermanos los santos de ayer y de hoy, a ser  miembros de su Santa Iglesia Católica.

+ Luis Armando Tineo R.

Obispo Auxiliar de Caracas

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