La Iglesia no se limita únicamente a enseñar las verdades reveladas






La libertad de religión es el factor principal en la vida Americana y en el derecho humano, en cual, la Iglesia defiende vigorosamente. Esta libertad significa que las creencias religiosas deben ser aceptadas libremente, no impuestas por ley. Por lo tanto, uno no puede legalmente invocar la libertad de religión para destruir los derechos de otros. Invocar la libertad de religión para destruir la vida de otro es un abuso intolerable. A ninguna religión le permitiría tener como parte de su culto, un rito en el que se tortura y asesina a niños.

La religión no solo protege las verdades reveladas; también protege las verdades fundamentales sobre la persona humana y la sociedad que transcienden diferencias de denominación. Por ejemplo, una muestra básica de una sociedad civilizada es que el robo es malo. Esto también es una enseñanza religiosa, revelada a Moisés en los Mandamientos y pronunciada por Nuestro Señor. Sin embargo nadie se queja que las leyes en contra del robo sean una imposición de una creencia religiosa por parte del Estado. Similarmente con el derecho a la vida. Muchos defienden su “creencia” con respecto al aborto bajo el rubro de la libertad de religión, y quieren hacernos pensar que la posición de los pro-vida sobre el aborto y la concepción es relativa. Pero pedir igual protección para cada vida humana comprobada, no es una imposición de “creencia”, sino que es igual al reclamo para la protección de la propiedad privada ante un robo.

En una discusión relacionada con el aborto, un Senador de los Estados Unidos razonó con palabras similares “algunas personas creen que la vida comienza en la concepción, algunos creen que la vida comienza en el momento de nacer y otros creen que la vida comienza en algún punto entre los dos. Debemos permitirle a la gente en este país a que mantengan sus creencias, sin que el gobierno imponga una u otra posición filosófica o teológica.”

Le hice notar al Senador que hay gente que cree también que la vida comienza después de nacer. ¿Les debemos permitir que crean lo que quieran? Ciertamente, deberíamos permitir que lo crean. Sin embargo, eso no le da el derecho de asesinar a los niños.

La pregunta aquí no es si debemos permitir esas creencias, la pregunta es si debemos permitir acciones que destruyen los derechos humanos fundamentales. Las leyes que protegen la vida en realidad lo protegen a uno de las creencias de los que rehúsan reconocerlos como miembros completos de la comunidad humana.

Durante otro intercambio en la sala del Senado (NY Times, 6 de Agosto de 1995), un senador a favor de los abortos le dijo a un senador a favor de la vida, con respecto a una pregunta sobre si la vida humana comenzaba en la concepción, “uno ora cuando debe tomar esta decisión… tal vez sorprenda al senador saber que el no es mi Dios.”

Así es que ahora, un hecho básico de la ciencia, esta sujeto a las conclusiones que uno deriva de la oración. Es sorprendente que los que concibieron el primer bebe probeta no se unieron junto a un plato de petri a orar. Y que tal si después de esta oración alguien sale con que uno no es humano.

La separación de Iglesia y Estado no significa separación de Dios y Estado, el Estado por sí solo se colapsa. Sin responsabilidad hacia Dios, ¿qué prevendría a los que están en poder de decir que lo que ellos piensan es lo correcto? Ninguna ley puede permitir que un acto de violencia sea correcto.

Ayuda recordar bajo este contexto que una de las razones por las cuales las tribus en el Antiguo Testamento eran derrotadas es porque practicaban los sacrificios de infantes.

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