La santidad de la vida humana






Católicos con el privilegio de servir en puestos públicos de liderazgo tienen el deber de poner su fe en el corazón de su servicio público, especialmente en aquellos asuntos que tocan la santidad de la vida humana. Tomás More, el antiguo canciller de Inglaterra que escogió entregar su vida antes que traicionar sus convicciones católicas, al dirigirse a su ejecución pronunció estas palabras: ‘Muero como el buen siervo del rey, pero de Dios primero’” ( Los Obispos Católicos de E.E. U.U., Vivir el Evangelio de la Vida, 1998, no.31).

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