Navidad para los no nacidos






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La Navidad es universal.

“Os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido un salvador.” (Lucas 2:10-11)

Cristo, el Salvador, se hace hombre precisamente para todos los que compartimos la naturaleza humana. No excluye a nadie. La buena noticia de la Navidad es para toda la gente de todos los tiempos en todo lugar. “Gozo para el mundo.”

De hecho, este gozo es tan universal, que incluso la naturaleza participa de él: “Serán vecinos el lobo y el cordero, y el leopardo se echará con el cabrito, el novillo y el cachorro pacerán juntos, y un niño pequeño los conducirá.” (Isaías 11:6)

Todo esto nos lleva a una conclusión necesaria: la Navidad es también para los no nacidos. El Salvador ha venido también para los niños que viven en el vientre materno. El mensaje del Evangelio se dirige también a nuestros hermanos más jóvenes.

De hecho, podemos decir que se dirige especialmente a ellos, porque son los más indefensos.

La buena noticia fue precisamente anunciada en primer lugar a los de condición más humilde, no a los grandes ni a los poderosos. El ministerio de Aquel que nació por nosotros continuó por ese mismo camino: continuamente buscó a aquellos que estaban en la periferia de la sociedad.

Su Iglesia hace hoy lo mismo al hacer una opción preferencial por los pobres. Los “pobres” no son solamente los que carecen de bienes materiales. “Esta opción preferencial por los pobres y vulnerables incluye a todos los marginados en nuestra nación y más allá de nuestras fronteras, niños por nacer, personas discapacitadas, los ancianos y los enfermos terminales junto con las víctimas de la opresión y la injusticia.

Darle la bienvenida al Salvador significa aceptar las obligaciones que Su misión nos impone. En palabras de los profetas, El es quien establece la “justicia” en la tierra. En términos bíblicos, eso quiere decir que El interviene a favor de los indefensos, trayendo la liberación a los encadenados.

Por supuesto que eso nos incluye a todos nosotros que estamos sometidos por el poder del pecado y de la muerte y somos incapaces de salvarnos a nosotros mismos.

Pero es especialmente para nuestros hermanos en el vientre, que se encuentran sometidos a la opresión de una decisión judicial que dijo que “la palabra persona… no incluye a los no nacidos.” (Roe vs. Wade, 1973).

En el hermoso villancico de Navidad “Oh Santa Noche” (O Holy Night) cantamos las siguientes palabras: “Verdaderamente nos enseñó a amarnos los unos a los otros. Su Ley es Amor y Su Evangelio es Paz. Romperá las cadenas, porque el esclavo es nuestro hermano, y en Su Nombre cesará toda opresión.”

El papa Benedicto XVI nos ha enseñado que “practicar el amor hacia las viudas y los huérfanos, los presos, los enfermos y los necesitados de todo tipo, pertenece a su esencia [de la Iglesia] tanto como el servicio de los Sacramentos y el anuncio del Evangelio” (Deus Caritas Est, 22). Nuestra Navidad no puede estar completa hasta que no nos unamos al gran esfuerzo por acabar de una vez y para siempre con la opresión de los no nacidos y permitir que ellos también se enteren que incluso para ellos ha nacido un Salvador.

P. Frank Pavone
Director Nacional
Sacerdotes Por la Vida

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