Orar y Obrar






La piedra angular de todo lo que puede lograrse en el movimiento pro-vida es la oración. “Sin mi”, dijo Cristo, “nada pueden ustedes”(Juan 15:5). Jesús no solo nos “ayuda” como si estuviéramos trabajando solos y El llegara a aliviar la carga. Más bien, ni tan siquiera podemos comenzar una buena obra sin tener Su acción salvadora dentro de nosotros. Todo cuando hacemos es un regalo de El. Necesitamos orar más, y con mayor fervor.

Pero hay que tener cuidado de no abusar de algo bueno. Aún la oración puede resultar una excusa, un refugio de nuestra responsabilidad de actuar para que no sigan los abortos. Las formas de actuar son muchas y variadas. No estamos hablando de un tipo específico. Pero estamos llamados a obrar.

¿Por qué?

Por la misma razón que somos llamados a orar. ¿Necesita Dios realmente nuestras oraciones? ¿Es preciso recordarle Sus obligaciones, o decirle que haga Su trabajo? Desde luego que no. Sin embargo, El nos llama a la oración porque quiere hacernos partícipes en lo que El hace. Por eso, si nos llama a orar, aún cuando podría actuar sin nuestras oraciones, es lógico que nos llame a obrar aún cuando puede actuar sin nuestras obras. Dios no nos llama porque nos necesita, El nos escoge para utilizarnos.

Orar no es tan solo pedirle a Dios que haga algo. Esta es un parte, pero hay más. La oración es una unión con Dios. Orar significa abrirnos a Dios tan ampliamente que El pueda entrar y hacer algo ¡ por medio de nosotros! La oración y la acción no son dos opciones separadas, sino dos aspectos de una misma realidad: la unión con Dios.

Cuando venimos a orar, venimos al Dios vivo, un fuego devorador, la fuente de toda actividad. Cuando salimos de orar no debemos sentirnos calmados, sino inquietos. No debemos sentir que hemos cumplido nuestro deber, sino más bien que se nos ha asignado nuestro deber.

Tengan cuidado cuando le pidan a Dios que acabe con los abortos. Su respuesta puede ser alcanzarlos desde el cielo, agarrarlos por la nuca, y lanzarlos a la batalla. Dios no va a abrir los cielos, para descender y advertirle a nuestro país que pare los abortos. Lo que hará es poner la convicción en vuestros corazones y palabras en vuestros labios, y les ordenará que ¡hablen y actúen!

Nunca debemos usar la oración para escapar de la acción. Por el contrario, debemos sumirnos en la verdadera oración, que nos permite obrar en unión con Dios, El que destruye la muerte y devuelve la vida.

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