Parte I Político pero no partidista: La libertad de seguir el Evangelio






Los creyentes no son ciudadanos de segunda clase. Solo porque la gente tiene convicciones que emanan desde la fe no quiere decir que tengan menos que aportar en la formación de políticas publicas. De hecho, el objetivo principal de la Iglesia es precisamente, influenciar la cultura a través de la propugnación de temas morales.

Las iglesias son únicas entre las organizaciones 501 (c)(3) en el sentido de que es inevitable involucrarse en la política debido a la promulgación del código moral de cada religión principal. Tal como lo declara un comentarista: ” La religión y la política han estado entrelazadas desde el nacimiento de nuestra nación. En una democracia creada para reflejar la fibra social de sus ciudadanos, los grupos religiosos siempre han abogado por posiciones morales para, ya sea avanzar o impedir, ciertas causas y campañas políticas.” (Judy Ann Rosenblum)

La misión de la Iglesia es religiosa. Como lo indica el Concilio Vaticano II, Nuestro Señor no le dio a la Iglesia una misión política. Sin embargo, esto no significa que la Iglesia no tiene nada que decir con respecto a los asuntos de política. La Iglesia tiene mucho que decir, precisamente por su misión religiosa. La Iglesia debe ser una fuente de vigor para que nosotros asentemos una comunidad de humanos de acuerdo a las leyes de Dios. La Iglesia, de hecho, es quien nos introduce al Reino de Dios entre nosotros, aunque su plenitud se llevara a cabo en el futuro.

La Iglesia no formula políticas; la Iglesia da testimonio de las verdades de Dios con quien las políticas deben ser conformadas.

Esas verdades no encajan bien dentro de las categorías de los liberales o conservadores, republicanos o demócratas. Todas las políticas tienen que ser evaluadas de acuerdo a como tocan a la persona, como afirman la vida humana, la dignidad, los derechos humanos y el bien común. Cuando hablamos de si la Iglesia tiene una responsabilidad política, no nos referimos a que endosamos a ciertos candidatos, o que llevamos a cabo campañas partidistas, o representamos a cualquier partido. Lo que hacemos es aclarar la misión de la Iglesia, y aplicar las enseñanzas de la Iglesia sobre la vida humana y el comportamiento de las circunstancias bajo las cuales nos organizamos como una sociedad.

Ningún partido político se conformara de acuerdo al Evangelio. Debemos tener la libertad de seguir el Evangelio. Libertad no solo en el sentido que las leyes no interfieran con la proclamación de la verdad, pero también libertad interior de poder votar por principios y no por lealtades partidistas. El comunicado de los Obispos de 1995 dice que necesitamos ser políticos sin ser partidistas, corteses pero no débiles, involucrarnos sin dejarnos ser utilizados.

En las parroquias, hay muchas cosas que podemos hacer, como por ejemplo educar a los candidatos y a los votantes o conducir campañas para registros electorales. En resumen, debemos involucrarnos. Ser religiosos no significa que no nos involucramos en estas cosas.

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