Pérdida de un embarazo






 

La herida proviene de gente bien intencionada. “Bueno, no fue hace tanto tiempo.” “Siempre puedes tener otro niño” “Esto le pasa a mucha gente.”

La pérdida de un embarazo es una tragedia que mucha gente no comprende. No están seguros sobre la forma en que deben consolar a un amigo o pariente que ha sufrido esta pérdida.

Aunque no hay fórmulas mágicas, existe una verdad fundamental que debe permanecer en primer plano: un aborto espontáneo es una pérdida de un niño que es tan real y tiene tanto valor como cualquier otro niño de cualquier edad. Una mujer que pierde un embarazo es una madre que ha perdido a un hijo, lo mismo ocurre con el padre.

En una sociedad que continua padeciendo ceguera legal y cultural cuando se trata de niños por nacer, muchos tienen la ilusión que la pérdida de un embarazo no afecta tanto a los padres como la pérdida de, lo que algunos llaman, un “hijo real”

El Dr. Byron Calhoun, Presidente de la Asociación Americana de Obstetras-Ginecólogos Pro-Vida, ha observado que con anterioridad a 1970, la pérdida de un niño antes o durante el parto era generalmente tratada en la literatura médica como un hecho irrelevante, pero ahora existe creciente conciencia del dolor asociado con esa pérdida. De hecho, el Dr. Calhoun ha desarrollado un programa de hospicio para niños por nacer.

A medida que la comunidad médica avanza en sensibilidad y comprensión de estos puntos, también debemos hacerlo nosotros. Nuestro amor, nuestra compasión, nuestro compartir el dolor de esas pérdidas, puede traer sanación a los padres que la han sufrido. Darles nombre a los niños que han muerto es una forma significativa de reconocer esta realidad. Contar a los niños también es importante, de modo que si a un padre se le pregunta cuantos hijos tiene, el niño que murió se cuenta como uno de ellos.

Me acuerdo del primer cartel pro-vida que instalamos en 1990 aquí, en nuestra comunidad de Staten Island, Nueva York. Mostraba a un niño por nacer en desarrollo. Una de las primeras llamadas telefónicas que recibí mencionándolo era de una mujer que había perdido un niño durante el embarazo. “No puedo decirle lo consolador que fue su cartel para mi. Gracias” Fue todo lo que dijo.

Quizás la razón por la cual fue consolador es que alguien estaba diciendo públicamente lo que ella sabía privadamente: que se trataba de un niño real. La vida de ese niño es importante, no importa cuan corta haya sido. La muerte de ese niño importa, independientemente del número de personas que lloren. Y el amor que yo tengo por ese niño importa, aún si nadie más lo sabe.

Señor, consuela a todos los padres que sufren por la pérdida de sus hijos de cualquier edad. Tómalos entre tus brazos amorosos y danos fuerza hasta el día en que nos los devuelvas en el cielo. Amén

P. Frank Pavone

Director Nacional

Sacerdotes Por la Vida

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