Por qué cargar con un niño moribundo






Un diagnóstico que señala que un niño por nacer padece una enfermedad que pone en peligro su vida o una anormalidad, es una cruz particularmente pesada para una familia. Los sueños y esperanzas que acompañan un embarazo, se vuelven caos y la alegría anticipada por el nacimiento del niño se torna en ansiedad.

Sin embargo, hay un factor que no cambia: el amor que la familia, y el resto de nosotros, podemos brindar a ese niño.

Algunos se preguntan por que debe permitirse el desarrollo de un niño que morirá pronto.

¿Acaso no vamos a morir pronto todos? ¿Como podemos evaluar lo que constituye una larga vida y una corta cuando las comparamos con la eternidad? Nadie sabe cuanto vivirá. Tampoco medimos el amor que ofrecemos basados en la longitud de nuestra vida.

¿Por qué debe permitirse el desarrollo de un bebé que morirá pronto? Porque amamos a ese niño mientras vive, ya sea que su vida se mida en minutos o en décadas. ¿Por qué debemos acompañar al que sufre? ¿Por qué debemos participar en su dolor? ¿Por qué debemos pasar la noche en vela por un niño? ¿Por qué debemos quedarnos junto a la cama de un ser amado en un hospital? ¿Por qué debemos aceptar la muerte de cualquiera, incluida la nuestra?

La alternativa a aceptar la muerte es tratar de controlarla atribuyéndonos la autoridad de tomar la vida antes que la vida nos haga muchas demandas. Por ello tenemos aborto, infanticidio y eutanasia. Queremos tomar control. Deseamos que la vida no nos pegue muy fuerte. Aspiramos a eliminar el sufrimiento, eliminando a la persona.

El Cardenal Terence Cooke escribió una carta hermosa en 1983 con ocasión del Domingo de Respeto a la Vida (Respect Life Sunday). Su elocuencia es aún mayor debido a que él mismo estaba muriendo de cáncer cuando la escribió, y falleció dos días antes que se leyera en todas las parroquias de la Arquidiócesis de Nueva York. Afirmaba el Cardenal Cooke: “El “don de la vida”, un don especial de Dios, no es menos hermoso cuando va acompañado de enfermedad o debilidad, hambre o pobreza, impedimentos físicos o mentales, soledad o ancianidad. De hecho, en esos momentos, la vida adquiere mas esplendor porque requiere nuestro cuidado especial, preocupación y reverencia.”

Sus palabras son verdaderas, no importa cuan joven o viejo uno sea. El amor significa una bienvenida, esto es, abrir el corazón al otro tal cual es, sin desear que el otro satisfaga mis deseos y expectativas.

Karen Garver Santorum constituye uno de los más bellos ejemplos en nuestros dias. Su libro, “Cartas a Gabriel” (Letters to Gabriel), cuenta la historia de su complicado embarazo y de su hijo que vivió una vida muy corta. Ella y su famila amaron al niño en la fragilidad del vientre. Al describir el parto, escribe, “A pesar que fue muy triste, el tiempo contigo nos dio la posibilidad de amarte y cuidarte.” ¡Ese es el verdadero sentido de la vida!

P. Frank Pavone

Director Nacional

Sacerdotes Por la Vida

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