I Por qué el Padrenuestro es una oración pro-vida






 

El Señor nos dio el Padrenuestro como modelo de toda oración y cada frase nos ofrece intuiciones sobre nuestra condición pro-vida. La oración misma es intrínsecamente pro-vida porque coloca a Dios en el centro de nuestras vidas y nuestras opciones. La mentalidad “pro-elección” (pro-choice), en cambio, nos pone a nosotros en el centro.

“Padre nuestro”. Hay un solo Padre de todos, el que nos dio tanto la vida divina como su prerrequisito, la vida natural humana. El Padre es el Creador, y si es “nuestro” Padre, eso significa que todos somos hermanos y hermanas en una sola familia humana.

Nuestro Padre nos encarga que cuidemos los unos de los otros. Tenemos que buscar el bien mutuo. Por eso Pablo nos exhorta a alegrarnos con los que están alegres y llorar con los que lloran y a sobrellevar las cargas del otro. La primera forma en que hacemos eso es salvaguardando el bien más elemental en la otra persona, la vida misma.

 “Que estás en el cielo”. La oración del Señor nos recuerda cual es nuestra verdadera morada. Si nuestro Padre está en el cielo, esa es nuestra casa también. El cielo es la unión plena con Dios y con los otros, en resumen es la plenitud de la vida.

Rezamos al Padre en el cielo mientras deseamos estar allí. Sin embargo, ese anhelo no disminuye nuestra preocupación por la construcción de un mundo mejor aquí. Más bien, impulsa esa preocupación que se traduce en la construcción de la cultura de la vida.

“Santificado sea tu Nombre”. Cuando el pueblo de Dios vive reflejando la santidad, la justicia, la verdad y el amor de Dios mismo, se honra el Nombre de Dios. En otras palabras, el pueblo de Dios le da una buena reputación a Dios y la gente desea identificarse con la palabra “cristiano”.

Pero cuando el pueblo de Dios es infiel, el Nombre de Dios es deshonrado. Es lo que ocurre cuando el pueblo de Dios le da la espalda e ignora (o a veces participa en) el aborto que mata miles de niños cada día. Eso deshonra tanto los derechos del niño como el Nombre de Dios.

“Santificado sea tu Nombre”, por nuestro compromiso con la vida. “Santificado sea tu Nombre” por el sacrificio que hacemos para defender la vida y el cuidado que brindamos tanto a la madre como al niño.

“¡Venga a nosotros tu Reino!” Cuando Jesús comenzó a predicar, declaró que el Reino de Dios había llegado entre nosotros. En efecto, el Reino está aquí. El Reino es Jesús mismo, unido a sus miembros que, junto a él, componen su Cuerpo, la Iglesia.

Sin embargo, el Reino no está todavía entre nosotros en plenitud. Continúa creciendo y continúa luchando contra múltiples enemigos.

Como dice la liturgia, el Reino de Dios es un reino de “verdad y vida, de santidad y gracia, de justicia, amor y paz.” Este Reino define la cultura de la vida, en la que los niños por nacer y las personas frágiles son bienvenidas y protegidas. Cada vez que rezamos el Padrenuestro, dejemos que aumente nuestro anhelo por el Reino.

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